Iniciarse en el Tai Chi: las posiciones fundamentales

Tanto o más importante que la correcta realización de los movimientos es la disposición interna con que se practican.

En cada caso, antes de describir uno a uno los movimientos del Tai-Chi daremos algunas orientaciones válidas. Hay que tener en cuenta que es preciso desarrollar una aceptación relajada de nuestra realidad mental y corporal, para que toda ella se integre en el movimiento. Necesitaremos también una buena disposición a la entrega, a dejarnos llevar por el movimiento sin contenerlo ni precipitarlo. De esta forma los movimientos emergen por sí solos, con total naturalidad. Debemos mantener la mente en una serenidad atenta, desarrollando la capacidad de «darnos cuenta», pero sin forzar ni concentrar la energía mental en un punto o en una sensación pre-estableci-dos, sino dejando que todo lo realmente vivo en nosotros se
una al movimiento global. De esa forma evitamos la dispersión y la rigidez mental e instalamos la conciencia en el presente, en el «aquí y ahora».

Pero para que el Tai-Chi se manifieste en nosotros, esa actitud mental debe ser sincronizada con la respiración y con el movimiento corporal. La respiración tampoco debe forzarse jamás. Ante todo debemos respirar libremente, y sólo en ese caso procuraremos respirar lenta y equilibradamente. El flujo respiratorio forma un círculo continuo, sin interrupciones entre inspiración y espiración.

Para el movimiento tomamos la energía por los pies, nuestro punto de apoyo. Esta energía se desarrolla en las piernas, es dirigida por el vientre y se expande por medio de los brazos y los dedos. El movimiento de Tai-Chi es siempre centrífugo: va de adentro hacia fuera y del centro del cuerpo hacia los extremos en una ondulación circular, como el movimiento del corazón.

La columna vertebral estará siempre derecha pero flexible, como el bambú que crece siempre hacia arriba pero se deja balancear gustosamente por las aguas y los vientos. En el vientre se encuentra el centro de gravedad y el centro vital (Tan- Tíen en chino, Hara en japonés, Kath en sánscrito) del organismo humano. Como ya hemos dicho, en ese punto se originan todos los movimientos y por lo tanto, de la movilidad, sensibilidad y relajación de esa zona dependen la fluidez y armonía del movimiento global.

Las piernas estarán algo flexionadas, dispuestas siempre a facilitarnos el descenso y a empujarnos como un muelle en el ascenso. Los pies deberán abrirse y relajarse como si se extendieran en el suelo. Cuanto más seguro y confiado es el contacto con el suelo, mayor es la libertad para mover todo lo demás.
Tan sólo nos queda agregar algunos consejos prácticos:

Aunque todas las horas son buenas para el Tai-Chi, la experiencia demuestra que el Tai-chi del amanecer (nacimiento de la energía Yang/diurna) posee efectos maravillosos.
Con la práctica se comprueba también que no es recomendable practicarlo durante la digestión de las comidas, y que se aprecia mejor cuando se practica al aire libre, y de SH posible, en plena naturaleza. Utilizaremos ropa amplia y cómoda, y un calzado plano y flexible y por supuesto, también confortable. Tradicionalmente se aconseja empezar el T ai-Chi en dirección Norte para alineamos con el magnetismo del planeta. Aunque se puede practicar el Tai-Chí en cualquier dirección, hemos usado ese criterio al señalar la dirección de los movimientos.

 

. POSICION INICIAL.

INSPIRACIÓN: El peso del cuerpo descansa sobre el pie derecho, y el pie izquierdo se levanta apenas.

ESPIRACIÓN: El pie izquierdo se va apoyando lentamente en el suelo a una distancia del otro pie similar a la distancia entre los hombros. Todo el cuerpo se desplaza hacia el centro, repartiendo equitativamente el peso en las dos piernas.

INSPIRACiÓN: Con la inspiración se produce una expansión general: se estiran ligeramente las piernas, la columna vertebral «empuja el cielo" y los brazos suben lentamente como empujados por el aire. Los brazos empiezan a subir desde los hombros y no desde las manos, hasta formar una línea horizontal con las manos y los codos hacia el suelo .

ESPIRACiÓN: Todo el cuerpo cae suavemente, a merced de la gravedad. La espalda se instala en la pelvis verticalmente como si nos sentáramos en una silla, sin que las rodillas sobresalgan de la vertical de las puntas de los pies.