Curador espiritual y yuyero: el cliente hace el trabajo

“Así es, yo aprendí todo en la calle”, nos cuenta Héctor. Con esta frase nos da a entender que su técnica curativa no pasa por el don que tantas veces se encuentra tras los sanadores. Sus herramientas terapéuticas son los yuyos o hierbas, aunque también ha hecho “trabajos” de magia, sin dar datos directos de lo que sería magia negra, aunque sugiriéndolo. En todo caso su técnica resulta mixta entre la sanación espiritual y la natural con los yuyos. La reflexión de este curador es importante: el trabajo de curación no lo hace él sino la persona. Incluso utiliza técnicas de relajación que son prácticamente similares a la hipnosis, pero nos relatará cómo llegó a pulir dicha técnica.

 

 

Los últimos días de un curandero

 

Mientras lo esperamos a que vuelva de sacar la basura (porque dice la mujer que a veces se pone a hablar con otros en el camino), me cuenta Leo que tiene un nieto que sería nieto de ambos. “Tuvieron un hijo mi hija con su hijo...”. Es decir, son consuegros, aunque este parentesco no tenga demasiada aplicación para ellos.

Vuelve el curador de su excursión, manifiesta haberse olvidado de la cita. Ella mira cuando el hombre dice que su esposa necesita un audífono, una audiometría. En toda la entrevista no dejará de mirarnos como si no escuchara pero a la vez entendiera.

Héctor le dicen en la ciudad, don Ramón en el campo. Nació en Misiones, entiende un poco de guaraní, “por eso vuelvo locas a las paraguayas”. Vivió en Rosario, hizo primaria y secundaria hasta 3er año en Rosario.

Allí por el campo la mamá lo llevaba con curadores, por empacho o mal de ojo

El nivel era muy bueno, refiere, “igual a un 1er año de universidad actual es mi 3er año de secundaria”. 

Tomó alcohol toda su vida hasta el 93, un año después que lo echaron del puerto (en la época del presidente Menem), cuando su hijo le dijo “papá mirá como leo”, estaba en 1er año de secundaria y leyó las letras sin los puntos ni comas ni signos de interrogación y de respuesta. Entonces se sintió culpable, que por causa de haber tomado nunca había podido estar atento a corregirla. Y decidió dejar de beber. Sólo ahora toma un poco en las fiestas.

Héctor sabe mucho desde aquella época de secundaria, era abanderado en séptimo grado. Ahora dice que si le sale la jubilación de estibador del puerto va a dejar la medicina (cuando me está contando que también hace trabajos que le piden otros…) Se dedicó a curar desde que dejó la bebida.

Me atiende en su habitación, donde hay un altar, a cuyo lado hay una silla para sus pacientes, donde me ubica a mí y al principio pensé que Héctor creía que yo sería su paciente…

Desde chico sabe cosas. APRENDIO EN EL LOQUERO, muchas cosas, la imposición de manos por ejemplo. Su novia estuvo en el neuropsiquiátrico Moyano y ahí las otras le decían “qué manos suaves que tenés”, y él se las ponía en las cejas, y las mujeres le decían “ahí no, en los pocitos”. ¿En que pocitos?, preguntaba pícaro. “En los de las sienes”. “Ah sí!”, y de ahí inició su técnica de masajes hacia las cejas y después hacia el occipital.

 

Antecedente familiar

 

Su hermana también estuvo internada más tarde en el hospital Moyano. Antes había sido una curadora muy conocida en el barrio (están allí desde el 68).

Dice que tiene mucha memoria fotogénica, como su hermana, por eso podían devolver lo que el paciente les decía antes de tirarle las cartas.

Aclara que no tiene un don. Dice que para él, cuando pedía que le tiren cartas, él se las arrojaba en la cara. Ahora improvisa una técnica con los naipes del truco e inventa cosas. Al principio le dice: te peleaste con tu novia? No, por? Por la cara. Ah no es que mi vieja está enferma. Después de sacarle TODO! (dice) les decía: tenés un enfermo en la familia, lo veo acá.

Se ríe, dice que la hermana lo hacía muy bien y tenía suerte porque le pagaban bastante y tenía clientela: “qué querés, si no tengo para comer”, se excusaba la mujer. 

Una vez le puso a un paraguayo “super itasal” que era un gel antiinflamatorio y el tipo aflojó el brazo y le dio plata, pero como la pomada era de él, él le reclamó parte.

Después falleció su madre en esa casa y la hermana tuvo que ir a  cuidar a Rosario la chacra de la familia. Entonces los clientes de la hermana le preguntaban si él curaba, y se animó nomás.

Su curación consistía en la imposición de manos con 3 avemarías y 3 padrenuestros. 

Héctor comenta que es el Danny de Vito argentino, que así lo llamaron para la serie de televisión Okupas después de hacer dos propagandas para Perfume fragata. Cuenta que si bien es un perfume para hombre, “el que tiene un velero de una vela es para maricones, y yo emulaba a Danny de Vito, después le ponían la voz del tipo original, pero hacían quedar a Danny como que se morfaba los maricones!”. También lo llamaron para actuar en el “Sodero de mi vida” pero ya no pudo por un ACV trombótico, quedó paralítico.

Dice que cura con un libro recetario homeopático, lo busca y es un folleto de una yerbatería de Amancio Alcorta al 4100: El padrino! Es el nombre del lugar. 

Héctor destaca  que más de uno consulta por impotencia. Los adultos consultan más que nada por temas de familia, por gorrear al otro o creer que lo están gorreando, para sacarse de encima a alguien, a un hijo, pero él no se mete, una vez averiguó de “la pastilla abortiva que era también para los huesos entonces le pedí receta a un médico, lo convencí, se tuvo que fijar en el vademecum ese libro que uds tienen, y al final la receta anda por ahí, prefiero tener la conciencia tranquila”.

Los chicos consultan más, a lo que él se dedicaba en un comienzo: ojeo, pata de cabra, empacho.

“Yo he hecho cosas que no están bien, después de todo agradeceré a Dios haberme dejado andar por ahí. Se curan solos, yo no hago nada. No soy curandero. Victoria dice que sí, yo me río, no sé qué ve.” Victoria es una vecina que practica el umbandismo. 

“Aprendí en el loquero el tema de dormir al paciente. Esto no lo sabe nadie. Lo hago a veces. Les toco las cejas, le digo que siente algo pesado en las pestañas, y el paciente se duerme, hasta que le chasqueás los dedos en el oído y ahí vuelven, están como nuevos. Lo uso para pacientes que están en una crisis.”

“Lo que doy principalmente son remedios yuyales. Afrodisíacos, tilo”. Para el hígado también cuenta que hay una mezcla de diez yuyos, entre bolivianos paraguayos y argentinos. Sabe por los nombres de los yuyos la procedencia.

Una capacitación de ventas de Bonafide en el 70 le enseñó a estar siempre al nivel o menos del cliente, por eso se desarregla la corbata si el cliente trae solo camisa.

Me dice que yo soy la ciencia, que no puedo decir a algo que no sé, la tengo que pilotear y decir "denme tiempo para curar, este medicamento tarda", pero nunca decir que no sé. Él deriva a un médico si tiene un paciente “demenciado, muy loquito”.

Me cuenta la curación de la pata de cabra o kambygeré en guaraní que es leche y estómago revuelto. Introduce el tema diciendo que en el norte se equivocan y piensan que es por la leche. Pero en realidad es un virus. Los pediatras no saben qué es, mantienen la vida del paciente pero no tienen cura. Esperan varios días y el virus a veces se muere, después dicen se curó, pero si le preguntan qué tuvo no saben explicar. Existe un virus macho y uno hembra, se pueden transformar, a veces curo uno y aparece el otro. En el norte le dan leche de cabra, por eso pusieron pata de cabra, pero es un error.

Héctor cura durante nueve días. Aprieta con dos dedos índice y mayor la espalda del niño hasta el coxis (donde termina la espalda y empieza no el ano sino la raya). Reza. 

Su hijo fue diagnosticado con empacho, que es por comer mucho, la hermana le dijo que tenía empacho porque lloraba, pero en realidad estaba comiendo de menos porque le daban la misma leche en polvo en más agua… se ríe.

“Yo siempre dije que los clientes de mi hermana eran negros ignorantes. De golpe algo funciona, me quedo sorprendido. Ellos hacen el trabajo”.

Cuando hace un trabajo, eso sí lo hace por plata. El resto cobra los yuyos (un peso más de lo que me lo venden) y deja lo que falta a su voluntad. Se arrepiente, dice que ha cobrado cosas que no debía cobrar. Dice que sus trabajos dan resultado, él sólo prende unas velas, hace unos conjuros, y parece que las cosas pasan.

Pero él no hace nada. Es solo la persona que hace todo. Le pregunto de donde sacó la técnica de pata de cabra y menciona a la hermana.

Le pregunto qué es gorrear: cornear, pata de lana que le dicen ahora, risas. Muchos quieren saber si están siendo gorreados. Héctor dice que no me puede contar de la época que se separó porque sería demasiado largo y necesitaría una sesión de psiquiatría.

Arreglamos que si hay algún paciente en crisis que sea de los que creen, puede venir a ser dormido por 10 minutos (sus sesiones de curación duran 20-25). Y que si hay algún paciente “demenciado” me lo manda al centro de salud. Me hace anotar mis datos.

Me dice que Leo es curadora y Victoria también, una vez lo limpió de todo, estaba muy cargado, pero eso es de verdad, es un efecto que te hace ella porque sabe lo que hace. “Yo no” -concluye-.