Taller de video para niños

 Una semana antes del día del niño, se decide en el barrio una reunión con chocolate caliente y tortafritas. Me convoca Leo, para hacer algo en medio de tanto dolor y cosa mala…al final de su discurso me pide que le traiga la cámara.

Los niños esperan que los adultos, acusados por Leo de no levantarse nunca temprano, terminen de hacer el fuego para poner a calentar el agua. Uno de ellos es peluquero, trabajó en Angelo Milano y atendió a varios millonarios. Me dice ¿en qué canal va a salir esto? No, vine a hacer una actividad con los chicos, y me interrumpe: ya sé, sé que no va a salir en ninguna parte, bueno le respondo que los niños van a aprender a filmar. Ellos están inquietos, Cecilia les promete una pelota de fútbol, pide y no le dan, les hace un gesto de vayan vayan, mientras intenta una gestión de la pelota en medio de tanto preparativo alimenticio. Yo digo que pueden jugar mientras con la cámara, Leo se ríe ante el entusiasmo de los niños y dice que no, que ellos van a ser filmados por mí. Al instante siguiente les hago entrega del aparato, del que me entero que no es el primer contacto pues ya fueron a filmar con unos exploradores a sus escuelas. 

Les enseño brevemente.

La jornada transcurrió alrededor de la cámara. Fui convocado a poner orden en tanto “profe”, para que decidiera quien filmaba. Luego de establecer las normas (improvisadas sobre el orden alfabético de sus nombres) sólo las hice cumplir en casos en que fuera convocado nuevamente pero bajo mi criterio de gravedad: no intervine en casos de queja sino en casos de llanto: verdaderas emergencias infantiles. 

Una constante: los niños, tan exaltados por momentos, respondieron siempre al límite.

Me preguntaron si yo vivía ahí.

Me preguntaron por el valor de la cámara y mi manera de conseguirla.

Corrí a la par de ellos en sus exploraciones por los pasillos de la villa. 

Derivé en el momento a un niño en llanto con una psicóloga que estaba en el evento.

Noté en el grupo un funcionamiento favorable y con cierta cohesión, expresada al momento de la actividad de exploración audiovisual. El material habla por sí mismo. La cultura que conforman no les devuelve la retroalimentación para el sustento en sí misma. Las capacidades individuales conforman una diversidad a ser tenida en cuenta en futuras observaciones. 

Una niña me dijo que me cerrara el bolso que llevaba conmigo porque me iban a meter la mano. 

Dos niñas me pidieron que las alce para poder ver los preparativos de la mesa inalcanzable para ellas. 

Aprendieron mi nombre mediante el método del reportaje. 

Causa una fascinación la posibilidad de manipular su imagen y verse en eso que adoran: una televisión.