Sanadores filipinos

Aficionados a la psicología y a la parapsicología, durante muchos años, hace tiempo que veíamos circular en estos medios algunas fotografías de las operaciones practicadas en las Filipinas, y oíamos hablar de las curaciones espectaculares obtenidas en aquellos parajes. Pudimos leer algunos libros sobre el tema, así como numerosos artículos, Y visionar algunas películas de aficionado sobre la cuestión.
El escepticismo que nos dominaba al principio fue cediendo, poco a poco, a una creciente curiosidad. Así pues, cuando en noviembre de 1976 se constituyó espontáneamente un grupo de diez personas, con residencia en París y deseosas de visitar las Filipinas, removimos cielos y tierra para tomar parte en la expedición: ¡nos era preciso saber, averiguarlo todo!
Al haberse tomado esta decisión de un modo algo precipitada, apenas noS quedaron quince días para hacer los preparativos, despachar los asuntos pendientes, preparar las maletas y tratar de reunir algunas informaciones indispensables sobre el país, el clima, los sanadores y todo lo necesario para la buena preparación de un viaje.
Aunque toda esa preparación se hizo de una manera muy imperfecta, daremos aquí algunos detalles a fin de que los lectores puedan beneficiarse de nuestra experiencia.
 Debemos tener presente y nos cansaremos de repetirlo que no existen milagros en las Filipinas. Lo que hay es una técnica, aunque no podamos comprender aún sus fundamentos. En principio, no hay acción eficaz para los casos desesperados. y decimos en principio, porque en algunos casos nos hemos visto obligados a admitir que se había producido una mejoría, para nosotros totalmente inconcebible.
Por último, antes de partir interesa completar el historial médico mediante los análisis y radiografías que convengan al caso, y que pueden ser de utilidad más adelante. Es aconsejable pedir al médico habitual que redacte un diagnóstico por escrito.
Otro detalle: aquella persona a quien se le haya prescrito un tratamiento, hará bien en no abandonado.
Con estas precauciones podrá usted emprender un viaje que, cualquiera que sea su opinión de antemano, no dejará de impresionarle.
Nuestra última recomendación: si obtiene resultados positivos, sea discreto y, sobre todo, no intente demostrar nada, y mucho menos frente a los eternos detractores, que procurarían aplastarle a usted antes que admitir su propio error. En efecto, hemos presenciado casos en que se desencadenó una verdadera guerra psicológica, por parte del ambiente social, para demostrarle al enfermo que no podía ser auténtica la mejoría subjetivamente aducida por él. Lo cual acarrea las consecuencias que es fácil adivinar.