Terapia musical

La música es un arte expresivo que se dirige directamente a las emociones, al sentimiento. Es un lenguaje que todos podemos comprender, ya que abarca toda la infinita gama de experiencias humanas, desde las superficiales hasta las profundas, y puede provocar profundas respuestas emocionales.

La música suele utilizarse con niños minusválidos como parte de su rutina diaria, como recreación y ocupación, para acompañar movimientos o danzas. Todas estas actividades son muy beneficiosas como terapia. Así, el arte musical puede ser utilizado de manera más específica, a un nivel más profundo, dirigido conscientemente hacia los niños minusválidos físicos o no comunicativos, a fin de traspasar las barreras levantadas por sus enfermedades y motivarlos a tomar parte en la actividad musical interpersonal. La misma forma y estructura de la música. puede producir una significativa sensación de orden y seguridad en los enfermos mentales o emocionales.

Los minusválidos están aislados, se encuentran separados de numerosas experiencias normales de la vida debido a sus incapacidades mentales, físicas o emocionales; frecuentemente tienen grandes dificultades para hablar y suelen tener una comprensión del lenguaje muy limitada. Es esta falta de comunicación la que preocupa a las personas que trabajan y viven con ellos.

Una forma particular de terapia musical fue creada durante los años sesenta para los niños subnormales profundos: autistas, retrasados, afásicos y con daños cerebrales. Sus pioneros  fueron el compositor y doctor Paul Nordoff, y el educador y especialista en el campo de los niños minusválido s Clive Robbills. Ambos realizaron investigaciones prácticas sobre terapia musical en Inglaterra, Pennsylvania, Escandinavia y los Países Bajos.

La terapia que crearon es utilizada en los centros que tratan a niños que sufren una amplia gama de impedimentos tanto físicos como emocionales y mentales.

Al trabajar con un niño, el terapeuta emplea un método dinámico y creativo: improvisando con la voz y el piano trata de llegar a donde se encuentra el niño, a su frustración, enojo, ansiedad, apatía o tristeza; y para comunicarle que su estado de ánimo es comprendido usa la música. La música improvisada puede responder inmediatamente a cualquier cambio de humor del niño, puede aprovechar la menor pista apenas so produzca y desarrollarla, llevando así al niño a una situación activa. Cuando se establece la intercomunicación y se motiva al niño para que emprenda una actividad significativa, el. proceso terapéutico musical empieza a progresar. A lo largo de las sesiones individuales, se estimula al niño para que responda con instrumentos de percusión, con el piano y con su propia voz.

Al trabajar con grupos, el aspecto principal también es la comunicación; la comunicación entre individuos que trabajan conjuntamente con la música en una actividad compartida, y  en un proceso condicionado basado en respuestas automáticas a un programa de radio o a un disco. La música utilizada con integridad y con intención en sesiones grupales puede tener consecuencias muy importantes, penetrando profundamente en la personalidad del niño.