Consejo recíproco o co counseling

El consejo recíproco es un método de desarrollo personal a través de la ayuda mutua. Dos personas que han sido instruidas en ambos papeles toman por turnos los roles de paciente y consejero. El paciente trabaja en sí mismo, el consejero proporciona sostén y hace intervenciones ocasionales para ayudar al paciente en su trabajo. Este método va dirigido al paciente, quien tiene la responsabilidad de trabajar en sí mismo. El consejero sólo debe intervenir, aportando sugerencias, cuando el paciente se aparta del tema.

El paciente debe lograr la regresión y la catarsis. Esto significa recordar antiguas experiencias dolorosas y liberar el dolor a través de descargas emocionales: el pesar por no ser amado se libera mediante lágrimas y sollozos; el enojo ocasionado por injusticias es liberado a través de gritos y movimientos convulsivos; el miedo a las amenazas contra la identidad personal se libera a través de temblores; la turbación y la culpabilidad autoimpuesta a través de la risa. Se instruye al paciente para que se haga cargo de esta liberación manteniendo siempre un centro de atención fuera de la emoción dolorosa que descubre y descarga.
La teoría en que se basa este proceso es que los niños sobreviven emocional y socialmente en nuestra rígida sociedad obstruyendo y negando defensivamente la aflicción, el temor y el enojo que les produce una conducta inadecuada de sus padres y demás personas. Esta angustia oculta se manifiesta exteriormente en forma de comportamientos convencionales, rígidos, compulsivos y distorsionados, e interiormente tomando actitudes crónicas de autodesprecio, sentimientos de impotencia, etc. Al descubrir y eliminar esta angustia oculta, el paciente logra una introspección: una reapreciación discriminatoria del pasado traumático y una toma de conciencia de cómo los efectos hasta entonces no identificados han contaminado sus actitudes y conductas adultas. De esta forma el paciente puede empezar a vivir intencionalmente, es decir, a actuar de manera racional, con responsabilidad sensible frente a cualquier situación.

Además, con este método, el paciente debe reafirmar su manera de ser inteligente y amable, y ejercer su capacidad de elección y creatividad. Con lo cual logrará plantearse nuevas metas que le lleven a vivir más plenamente.

El consejo recíproco fue creado en Estados Unidos por Harvey Jackins durante la década de los cincuenta. Jackins llamó a su movimiento Consejo de Reevaluación, el cual empezó a alcanzar popularidad a finales de los años sesenta y principios de la década siguiente. Entre 1971 y 1972 fue introducido en Europa. En 1974, se creó un movimiento independiente llamado Cocounselling International, destinado a permitir que el consejo recíproco se desarrollara fuera de las rigideces teóricas y organizativas de la teoría de J ackins. Se trata de una federación de comunidades, cada una de las cuales explora su propia vía para desarrollar una red paralela de ayuda personal, al tiempo que intercambian experiencias entre sí.

La finalidad de una comunidad de consejo recíproco es proporcionar la instrucción básica sobre el método (un mínimo de 40 horas), crear grupos y talleres avanzados, impartir cursos de consejo recíproco para profesores, enviar la lista de todos los coconsejeros de la localidad, imprimir revistas teóricas, etc. Estas comunidades constituyen una alternativa importante a los sistemas sanitarios establecidos, ya que abandonan la distinción entre terapeuta y paciente, entre profesional y lego, y afirman el valor que tienen para el individuo la autodeterminación y la cooperación.
Entonces, ¿cómo se expresan estas diferentes influencias en el proceso real de un grupo de encuentro? En su forma más simple, un grupo de encuentro se compone de diez a dieciséis personas, las cuales se sientan en el suelo de una habitación formando círculo. Generalmente, aunque no siempre, hay un líder reconocido. Las sesiones pueden durar una noche, un fin de semana o pueden ser experiencias continuas de varios meses de duración.

La finalidad de la experiencia grupal es encontrarse mutuamente, experimentar los sentimientos propios, responsabilizarse dé ellos y relacionarse honestamente con los otros miembros del grupo. Generalmente, los grupos empiezan realizando una serie de ejercicios para facilitar la familiaridad entre los miembros del grupo.

Cada persona es igualmente responsable de la actividad grupal, ya que la creatividad total es la meta final. No obstante, el líder debe indicar ciertas líneas generales para evitar las interpretaciones y lograr que los miembros del grupo expresen de forma directa, verbal o físicamente, sus sentimientos. Por ejemplo, un fenómeno común en las primeras etapas de una experiencia de grupo, consiste en jntelectualizar las actitudes analíticas. Ejemplo:

Juan le dice a Enrique con tona de aburrimiento: «Creo que estás obsesionado con tu madre».

Terapeuta: «¿Qué piensas al respecto?» (Pide a Juan que explicite su actitud implícita.)

Juan: «No me gusta que seas tan débil. Te desprecio».

De manera similar, los recuerdos, los sueñas, etc., son introducidos dentro del grupo en el momento apropiado, aunque la tendencia consiste en relacionar las experiencias relatadas con las personas presentes en la habitación (el «aquí y ahora»). Ejemplo: 

Sara: «Cuando me siento atraída por un chico, lo rehúyo». Terapeuta: «¿Puedes ser más específica? ¿Quién te atrae en esta habitación?» (Pide a Sara que experimente directamente su atracción y rechazo.)

Un importante principio de la terapia de encuentro es la exploración de las sensaciones desagradables. Por ejemplo, es muy común que un miembro del grupo diga: «Estoy inquieto», «Me siento ridículo», «Tengo miedo». El terapeuta puede intervenir, diciéndole: «Muy bien, sigue inquieto, experimenta lo que se siente». De esta forma se intenta estimular a esa persona para que explore un área de su experiencia que probablemente ha evi
tado durante la mayor parte de su vida. Así, el individuo experimentará sensaciones nuevas o prohibidas, muchas de las cuales serán positivas, como la ternura, la compasión, el amor, etc.

Otra práctica consiste en utilizar el movimiento y el cuerpo para expresar sentimientos. Se estimula a los miembros del grupo para que utilicen su voz y su cuerpo de manera expresiva y activa, con el fin de quebrantar el entumecimiento que bloquea nuestra cultura. Ejemplo:

«Odio a mi hijo por hacerme perder mi libertad.»
Terapeuta: «De acuerdo, háblale directamente. Imagina que está frente a ti. O que otro miembro del grupo interprete el papel de tu hijo».

Otro aspecto importante en la terapia de encuentro es la regeneración. Cuando un miembro del grupo está trabajando y no progresa o se encuentra en problemas, el líder pide a los otros miembros que den su opinión al respecto. «¿Qué piensan los demás de tu actuación?» Frecuentemente, la respuesta a esta pregunta libera al protagonista de sus bloqueos o le ayuda a comprender sus manipulaciones y su autopresentación ante los demás.

Por la que respecta al terapeuta, el grado de directrices varía entre uno y otro, pero generalmente participa como un miembro más; comunica su aburrimiento, ira, ternura, etc., cuando lo cree oportuno. El terapeuta no sólo toma en consideración lo que se dice, sino también la forma de expresarlo, el tono de voz, las posturas del cuerpo, los movimientos faciales, etc., prestando atención especial a las evasiones, a las demandas, a las situaciones repetitivas, etc. Un buen cordinador de encuentros debe tener gran respeto y consideración por la autonomía de las miembros del grupo; son ellos quienes deciden cuándo empezar algo, cuándo detenerlo, cuándo cambiar de tema, etc. Esta conducta resulta indispensable para que cada persona siga su camino hacia el descubrimiento y la aceptación de sí misma.
El espíritu de la terapia de encuentro es sumamente positivo, a pesar de que se descubran muchos sentimientos dolorosos y negativos. La terapia de encuentro no cura, simplemente señala un camino para explorarse uno mismo y crecer, camino que se puede seguir toda la vida. Se comienza en compañía el otras personas para aprender a descubrirse a sí misma y, por lo tanta, a descubrir a las demás.