Cepillado de la piel

Cuando miramos a otra persona, lo que vemos no es otra cosa que un conjunto de tejidos muertos, pues la superficie de la piel está completamente desecada: tejidos muertos desprendiéndose en escamillas. Al mismo tiempo que las células de las capas epidérmicas inferiores se renuevan y hacen presión hacia el exterior, también mueren las capas superiores de la piel; la única excepción es la cubierta esclerótica que cubre el globo del ojo, y que se mantiene húmeda gracias al constante parpadeo.

La gente no suele darse cuenta, sin embargo, de que la piel es el mayor órgano activo que poseemos; es un órgano de eliminación no menos importante que otros órganos de eliminación como los pulmones, los riñones, el colon, etc. La piel se deshace constantemente de los desechos nocivos a través de los poros de la piel, incluso cuando el cuerpo no está sudando.

La piel del hombre primitivo, en el transcurso de sus actividades cotidianas de exploración y búsqueda de alimentos, era cepillada continuamente por los arbustos, ramas y hierbas altas; incluso el viento se encargaba de eliminar las células muertas de la superficie. Resulta evidente que el hombre moderno, con las múltiples capas de ropa que lleva, además de las cremas y polvos con que obstaculiza los poros de su piel, corre el riesgo de aprisionar los productos de desecho de su cuerpo.

Aunque también resulta Útil no llevar ropa para dormir, permitiendo así que la piel funcione correctamente al menos durante ocho horas, la solución más eficaz consiste en cepillar la piel con regularidad. Fácilmente pueden encontrarse cepillos especiales para la piel con un largo mango desmontable, similar al cepillo de baño pero con cerdas más firmes. Para realizar este cepillado también se puede emplear un cepillo para  perros, como los que pueden encontrarse en cualquier tienda de animales.

Al principio, durante las cuatro o cinco primeras sesiones, hay que cepillar la piel solamente hacia abajo y empezando por la cara y el cuello e ir bajando. Luego se puede aplicar el cepillado con más vigor en todas las direcciones. Hay que insistir en que para obtener mejores resultados, la piel debe estar seca, no húmeda ni sudorosa. Colocándose de pie cerca de una ventana por donde entre el sol, con un pie sobre una silla, y cepillando la pierna suavemente hacia arriba, se puede ver cómo los rayos del sol iluminan millares de diminutas escamillas de tejido muerto. Frotarse con un paño rugoso al bañarse no es suficiente para eliminar los desechos de la piel.