Calefacción radiante, baños de cera y rayos infrarrojos

Rayos infrarrojos

La luz normal visible consiste en una radiación electromagnética de longitud de onda que varía entre 4.000 y 7.500 A (unidades Angstrom). Las longitudes de onda mayores, más allá del extremo rojo del espectro luminoso visible, son conocidas como infrarrojas y son esas ondas las que transportan el calor.

Cada sustancia emite rayos infrarrojos tan pronto como su temperatura sobrepasa el cero absoluto. Sin embargo, un objeto sólo puede recibir rayos infrarrojos procedentes de algo más caliente que el objeto mismo. Son dos los tipos de rayos infrarrojos que se utilizan con mayor frecuencia. Uno es de tipo luminoso: con un hilamiento espiral de tungsteno dentro de una bombilla de vidrio se generan rayos infrarrojos invisibles
 

que van acompañados por una cantidad relativa de radiación visible roja y amarilla. El otro tipo se logra con un emisor oscuro incrustado en porcelana, que genera sólo rayos infrarrojos invisibles. Sin embargo, cualquier cuerpo caliente emite radiaciones infrarrojas, y una estufa eléctrica común sobre todo las que tienen pantalla esférica ahuecada constituye una buena fuente de radiaciones infrarrojas. Los rayos infrarrojos producen hiperemia, vasodilatación y una subida local de la temperatura dentro de los tejidos subcutáneos del área irradiada. Al crear una hiperemia local o general, el tratamiento con rayos infrarrojos constituye una buena preparación para la irradiación con rayos ultravioleta, aunque ambos pueden utilizarse simultáneamente para incrementar la eficacia de estos últimos.

Si se utiliza el tipo luminoso de rayos infrarrojos puede ser necesario, sobre todo con personas de piel clara, tomar ciertas precauciones contra el exceso de calor. Corno medida preventiva se puede aplicar sobre la piel aceite de girasol o de cualquier otro tipo, y también lanolina. En cualquier caso, si se irradia la cara, hay que proteger los ojos.

El tratamiento general de todo el cuerpo con rayos infrarrojos facilita la circulación y eliminación a través de la piel. Una irradiación general con rayos infrarrojo s reduce los glóbulos rojos de la sangre, disminuye el calcio del cuerpo e incrementa la producción de urea. El tratamiento general es de valor incalculable en casos de reuma y dolencias afines, mientras que el tratamiento local se aconseja para el lumbago, la nefritis, las inflamaciones de la vesícula biliar y en la mayoría de los casos con dolores o lesiones agudas, aunque no en todos los estados inflamatorios. Los que padecen de diabetes no suelen tolerar el calor y se queman con facilidad.

El tratamiento local con rayos infrarrojos puede producir una temperatura sanguínea que sobrepasa a la que corresponde a una fiebre alta. Este tratamiento aumenta la circulación local al dilatar los vasos sanguíneos y vencer la estasis, mejorando así la eliminación. La distancia entre el aparato y el área a tratar varía según la sensibilidad individual y el tipo de aparato. Si se utiliza una lámpara, no debe colocarse a menos de quince centímetros, y la duración del tratamiento variará de quince minutos a una hora.

Calefacción radiante

Para recibir el tratamiento de calefacción radiante, el paciente se tiende en una cama, sobre la cual se sitúa un aparato . en forma de túnel. La superficie interior del aparato está recubierta de material reflectante, y tres o cuatro filas de bombillas eléctricas suministran el calor. También existe otro tipo de aparatos en los que el paciente permanece sentado, exponiéndose a temperaturas muy elevadas, pues una temperatura próxima a los 93 o C se puede resistir sin peligro durante quince minutos. En todos los casos en que se someta el cuerpo a elevadas temperaturas, la exposición debe finalizar con una ducha rápida o un baño fríos.

El tratamiento con calefacción radiante es muy beneficioso para todas las dolencias musculares y óseas, la ciática y la obesidad. No es recomendable a las personas de edad avanzada o que estén débiles, ni a las muy jóvenes.

Cuando este tratamiento se aplica a extensas áreas del cuerpo, siempre es aconsejable mantener la cabeza y el cuello frescos mediante la ayuda de compresas frías o de bolsas con hielo.

Baños de cera

Los baños de cera son muy beneficiosos en el tratamiento de todos los dolores reumáticos, y se adaptan con especial facilidad al tratamiento de la artritis en las man0S y en las muñecas. Se vierte cera de parafina, cuyo punto de fusión se sitúa alrededor de los 460 e en un tanque provisto de un termostato. Se sumerge en la cera fundida, unas diez veces, la parte afectada hasta que quede cubierta por una buena capa de cera. Entonces se envuelve con papel encerado, se cubre con una bolsa de plástico y se tapa con una toalla durante unos veinte minutos. Luego se quita la cera suavemente y la parte tratada se coloca bajo un chorro de agua fría durante medio minuto.

Los baños de cera constituyen un método muy valioso en el tratamiento local de manos y muñecas artríticas. Debido a que la cera es muy inflamable, siempre hay que tomar la precaución de calentarla en un recipiente con agua cuando el tratamiento se realice en casa.