Cirugía psíquica

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En 1935, Harold S. Burr, profesor de anatomía de la universidad de Yale, anunció que había descubierto un cuerpo de energía, un segundo cuerpo humano que constituye un plano general del cuerpo físico, que controla y determina la función de las células y los órganos, al igual que la forma, el tamaño y el color del cuerpo físico. A su vez, este cuerpo de energía es influenciado por las emociones y la mente del individuo. Por ejemplo, cuando alguien se siente bien, tiene un alto nivel de energía; mientras que cuando existe una sensación de languidez O cansancio, este nivel es bajo. Así, Burr fue el primer científico que demostró lo que siempre han sabido los místicos.

 Mientras que los cirujanos ortodoxos trabajan solamente con el cuerpo físico, los cirujanos psíquicos trabajan con el cuerpo de energía para alterar el plun general, y así producir cambios en el cuerpo físico.

Uno de los cirujanos psíquicos más famosos fue un brasileño, J. P. de Freitas, más conocido como Arigó. Al igual que numerosos cirujanos psíquicos, Arigó tenía un guía espiritual:
Adolphus Fritz, un estudiante de medicina que había muerto, y que le susurraba al oído las instrucciones para realizar cada curación. Fritz enseñó a Arigó la forma de realizar la cirugía: «Desconectamos el cuerpo de energía del cuerpo físico para que los tejidos se conviertan en un cuerpo amorfo y gelatinoso. Luego eliminamos el tejido enfermo y re conectamos ambos campos».

Esta cirugía, y las condiciones en que tiene lugar, violan todos los principios de las métodos ortodoxas. Se logran los mismos resultados en una iglesia rural, en una habitación, en una casa o al aire libre. No incluye ningún procedimiento de esterilización ni preparaciones preoperatorias. El paciente viste sus prendas normales, dejando al descubierto el lugar de la operación. No se utiliza ni se requiere anestesia, hipnosis a sugestión y, por lo general, los pacientes no sienten dolor, inclusa en operaciones a corazón abierto a en la extirpación de un tumor del cerebro o del estómago. No se producen infecciones, y muchos curanderos ni siquiera dejan cicatrices después de la operación. Ésta dura de medio minuto a diez minutos. Después, el paciente puede caminar sin haber sufrido conmoción alguna. El curandero puede estar en trance profundo, totalmente consciente o en un estado intermedio.

Los fenómenos que tienen lugar a veces son increíbles, en ocasiones divertidos, pero siempre extraordinarios. Por ejemplo, los tejidos de cualquier parte del cuerpo son cortados por las manos desnudas del curandero; tejidos u otros objetos extraños pueden ser extraídas del cuerpo a través de la abertura: cáscaras de huevo, vidrios rotas, viejas bolsas de plástico, pedazos de algas, un camarón vivo. El curandero puede desmaterializar un algodón empapado en aceite sobre el pecho del paciente y rematerializarlo pocos minutos después en el cuello ya sin aceite, o puede desmaterializarlo en una oreja y retirarlo después por la otra.
El curandero puede practicar una incisión sin tocar al paciente; con sólo apuntar su propio dedo o el de alguna persona de la concurrencia a una distancia de unos veinte centímetros sobre el lugar del cuerpo donde desea realizar la incisión, aparece casi instantáneamente un corte limpio, con unas cuantas gotas de sangre.

Se ha visto a algunos curanderos retirar un ojo, extirpar el  tejido conectiva de la parte posterior, y luego volver a colocar el ojo en su órbita.

El curandero también puede utilizar un cuchillo, afilado o mellado, que limpia en su manga, para extirpar una pequeña excrescencia sin causar el menor daño o dolor. Estos fenómenos satisfacen el viejo proverbio que dice «ver para creer».
Los cirujanos psíquicas son gente simple, apenas instruida; por otra parte, son personas sensibles qut emplean capacidades naturales. Muchos de ellos son espiritualistas a espiritistas devotos que creen que son auxiliados por guías, protectores o por un grupo de doctores espirituales que guían sus manos. Son personas de gran dedicación, cálidas, que dedican su vida al servicio de los demás.

Muchos no aceptan dinero. Pasan por largos añas de instrucción y práctica; por ejemplo, el filipino Tany Agpaoa, probablemente el cirujano psíquico más famoso del mundo, empezó a curar a la edad de siete u ocho años, y ahara casi tiene cuarenta. Pasó muchos años estudiando, ayunando, rezando y meditando. Agpaoa tiene una clínica en un monasterio dominicana reconstruido que puede equipararse a cualquier clínica suiza.
Los mejores curanderos tratan a un extraordinario número de personas. Se calcula que Arigó, que murió a la edad de cuarenta y nueve años, ayudó a más de un millón de personas, aunque no todas fueron operadas. La cirugía psíquica se realiza todos los días en Filipinas, Brasil y Gran Bretaña, y se sabe que también se practica en África del Norte, el Himalaya y los Andes.

La cirugía psíquica debería ser cuidadosamente estudiada por un grupo de especialistas durante un larga período de tiempo, a fin de comprender su funcionamiento y la mejor manera de emplearla en beneficio de toda la humanidad. Cualquier persona suficientemente dedicada y de amplia criterio puede desarrollar esta capacidad.