Curanderismo

La curación es un atributo natural del hombre: toda madre cura diariamente a su hijo si tiene una estrecha relación con él. El curanderismo se practica en todos los países del mundo y, puesto que hay evidencias de su existencia que datan de hace 4.000 años, no puede ser el monopolio de una sola religión. Si tuviésemos que buscar un calificativo para esta curación, éste tendría que ser curación natural.

Para comprender el funcionamiento del curanderismo es necesario tomar en consideración la naturaleza del hombre y del mundo físico. Sólo existe una energía: la Mente, el Ser, Dios, Tao, Sugmad, llámesele como quiera. Cuando esta energía se mueve aparentemente, viaja en ondas; cuando se encuentra aparentemente en reposo, forma campos de fuerza. La mente modela la fuerza y forma su propia realidad de energías y fuerzas. Pero al no darse cuenta de que no existen límites, acepta la realidad que le ha sido dada y ssiente angustiada cuando esta realidad y sus creencias se ven alteradas.

 Una de las condiciones de la vida humana en el mundo físico es que tenemos que transformamos en individuos únicos. Debido a ello, todos fabricamos una realidad personal y esto explica las diferentes opiniones sobre la naturaleza de todas las cosas, especialmente sobre la curación. El problema es que si nos confinamos a nuestra opinión personal, nunca conoceremos la verdádera naturaleza de nada, esa sorprendente unidad que se encuentra detrás de nuestra aparente diversidad. Nuestras realidades son límites que deben ser trascendidos, ya que todos procedemos y formamos parte de una sola energía «en la que vivimos, nos movemos y existimos». Esta energía vital obedece a las leyes cósmicas, y si el mundo físico y la mente individual siguen estas leyes, todo se desarrolla de manera armónica. Pero cuando la mente individual construye patrones de conducta que van en contra de estas leyes, y cuando el mundo físico del que está construido el cuerpo se encuentra contaminado, se produce una falta de armonía y aparece la enfermedad. Ahora bien, si hemos de trascender los límites de la enfermedad, primero debemos sentir una necesidad de cambio. Luego hay que preguntarse qué tipo de cambio hay que efectuar. Así pueden tomarse las resoluciones necesarias, lo que requiere esfuerzo y voluntad. A nivel humano, la voluntad dirige la energía. Esto se logra con la reacción voluntariosa de la mente a fin de alcanzar un nivel más alto. El problema reside en que la personalidad humana está tan deformada por la sociedad en la que habita, que todos nos desequilibramos y nadie escapa a la enfermedad. Pero nosotros no lo comprendemos y tratamos de paliar nuestras deficiencias mediante sistemas terapéuticos, en lugar de cambiar las faltas de armonía que producen nuestros desórdenes. El curanderismo no es un sistema terapéutico, sino que pone el alma en armonía con las leyes cósmicas.

Para que haya curación, primero debe haber necesidad, un verdadero deseo de cambio ... y éste puede ser provocado por otra persona. Luego, debe haber una idea de curación. El curandero debe tener un lazo empático con la persona que desea curarse, y debe poder concentrarse en que él tan sólo es un canal por el que las energías de la Mente se introducen V transforman a la otra persona, a fin de que esta última pueda comportarse de acuerdo con las leyes cósmicas. Además, tiene que existir la voluntad de que se produzca la curación. Hemos de pensar que el curandero no cura, la curación es producida por la voluntad de la Mente. 

Quienes poseen fuentes naturales de energía y un talanl compasivo por naturaleza son curanderos inconscientes, y muchos obtienen su energía de los demás. Son muy pocos los curanderos naturales o espontáneos que ignoran sus facultades, aunque algunos las ocultan y ejercen en secreto. Con frecuencia, los terapeutas de todo tipo de doctrinas desarrollan este poder de curación. Generalmente, su éxito y la mejoría de sus pacientes se deben al simple hecho de estar en contacto con ellos. Muchos médicos no se dan cuenta de ello y atribuyen su éxito a la efectividad de su sistema terapéutico. Otros, especialmente los ortodoxos, rehuyen la publicidad y no revelan sus poderes. La mayoría de las personas puede aprender a curar, aunque no tocds tienen el talento para hacerla. Nosotros también podemos autocuramos si comprendemos que toda nuestra vida, incluyendo las enfermedades; es un acto de aprendizaje cuyos límites podemos trascender si utilizamos el principio: la voluntad dirige la energía.

La curación no es milagrosa. Es un proceso que obedece a las leyes naturales. Una persona que necesita milagros para respaldar sus creencias, tiene poca fe, no puede sentir amor ni comprensión si sólo acepta una religión única. Podemos desconocer cómo se .realiza la curación, pero podemos estar seguros de que funciona. La curación es instantánea tan sólo para unas pocas personas, probablemente menos del uno por ciento. La mejoría tiene Jugar a diferentes velocidades según la persona. y si la enfermedad no sufre ninguna alteración tras efectuar la curación, ésta no hace daño alguno; todos se sienten mejor y pueden enfrentarse de otra forma a sus incapacidades. Básicamente, la curación afecta al alma y a la mente, no al cuerpo.

Los fracasos de la curación pueden darse por varias razones. El paciente y el curandero pueden ser incompatibles, y que no se establezca el canal adecuado para la circulación de la fuerza curativa; en tal caso, se recomienda consultar a varios curanderos. Si todos fracasan, la dolencia puede haber avanzado demasiado, o el karma o destino del paciente ya está escrito y no puede ser cambiado. Entonces hay que emplear otros tipos de terapia, y si todos fracasan no queda más que resignarse. Si la enfermedad es fatal, no hay que temer a la muerte; tan sólo se produce una incomodidad transitoria y se pasa de la conciencia a otra forma de vida.

Frecuentemente, la capacidad de establecer rápidamente relaciones empáticas profundas está asociada con poderes de clarividencia y espiritismo. Muchos curanderos son conscientes de los

espíritus benignos que son atraídos por el proceso curativo, y pueden hacer sugerencias útiles. Se trata del Espíritu de Curación, otro fenómeno natural y normal. Pero ésta no es la única forma en que se produce la curación. El secreto reside en la mente del curandero. Ya es hora que la gente deje de pensar exclusivamente en esta o esa forma de tratamiento y empiece a estudiar los fundamentos esenciales de la curación misma.

Durante la curación, las personas por lo general sienten calor en los (lugares donde les toca el curandero. A veces, en lugar de calor el paciente puede sentir un cosquilleo más parecido a la sensación de beber un vino ligeramente espumoso que a los calambres y punzadas de un nervio irritado. En otras ocasiones se produce una sensación de descarga eléctrica que corre de los labios a las extremidades, o a lo largo de la columna vertebral. Mentalmente se :puede experimentar un estado de paz o alegría, de clímax o un período de trascendencia o de revelación.

Los sistemas terapéuticos tienen la gran desventaja de que necesitan grandes equipos que reducen su facilidad de aplicación y aumentan su costo. El mejor ejemplo es la medicina ortodoxa: la proliferación de su maquinaria la está llevando al punto de producir resultados negativos. Compárese esto con la curación que no necesita aparatos, tan sólo dos personas y tiempo. Estas dos personas ni siquiera necesitan conocerse, por lo que la curación puede realizarse a distancia. La curación incluso puede tener lugar fuera del tiempo. Un curandero dormido puede, consciente o inconscientemente, viajar hasta un enfermo y realizar un acto de curación, apareciéndosele al paciente como si estuviese presente. Además, un curandero puede dirigir sesiones de curación en grupo, ya que la relación con los pacientes no debe ser forzosamente bilateral.

La simplicidad, efectividad, bajo costo y fácil aplicación de la curación está produciendo un auge en su práctica, 10 cual conlleva los peligros de la popularidad y la explotación. Aunque la verdadera curación no puede producir sino beneficios, como cualquier otro proceso eficaz puede ser mal utilizada. La energía transmitida por un individuo desequilibrado puede distorsionarse y producir una mayor falta de armonía. Por ejemplo, la energía puede dirigirse hacia el alivio de un síntoma o de una manifestación exterior de la enfermedad y no hacia la corrección del desequilibrio del cuerpo en su conjunto. Esto puede provocar un mayor sufrimiento para el paciente. Por consiguiente, resulta esencial que todos los que aspiran a curar o que conocen sus capacidades curativas pasen por un período de instrucción bajo la supervisión de un curandero experimentado y sean aceptados por un grupo de curanderos antes de empezar a practicar.

Un avance reciente, de gran importancia en el estudio de la curación (realizado con un invento británico utilizado en biorregeneración: el Espejo Mental), consiste en la observación de que los curanderos producen un patrón bilateral simétrico de ondas eléctricas cerebrales que no es usual, y que las personas a las que curan son llevadas a compartir este mismo patrón durante el acto de curación. Esto indica que existe una posibilidad de utilizar técnicas de biorregeneración para instruir a los curanderos y para descubrir rápidamente a los curanderos potenciales, así como para ponerlos a prueba. Sin embargo, la presencia del patrón de ondas cerebrales de los curanderos no implica que dicha persona pueda curar. La instrucción también es necesaria.