Vampirismo: secretos y verdades de los vampiros

El miedo a los vampiros, es decir, a los muertos que nos pueden hacer "daño" hasta hacernos
enfermar y morir no es, como se creía hasta hace no muchos años, una irracionalidad injustificada, fruto de fantasías, ignorancia o desequilibrios mentales. Tal vez en el contexto cultural de nuestra civilización ese miedo fundamentado en creencias que tienen toda la apariencia de no ser más que leyendas, sea bastante difícil de ser desentrañado y entendido, pues nos parece mentira que en la era de la tecnología y de la ciencia avanzada, y de las estructuras socio políticas y económicas de nuestros días, pueda hablarse con seriedad de muertos haciéndoles cosas a los vivos, saliendo de sus tumbas, sepulcros y ataúdes para alimentarse de sangre humana.

A nivel racional todos estamos, o por lo menos la inmensa mayoría bien convencida está, de que "los muertos, muertos están", enterrados o incinerados, de forma que no pueden actuar como horribles zombis sedientos o famélicos, pero el caso es que nuestras convicciones a nivel racional o científico" todas ellas, nos dicen bastante poco de la realidad que se halla más allá de nuestra percepción sensible. ¿Qué quiere decir, ésto? Sencillamente que si los vampiros son reales y actúan, desde luego no lo harán en la dimensión de nuestra perceptividad sensible, es decir, no lo harán utilizando sus cadáveres, lo que queda del cuerpo que tenían cuando eran personas vivas como nosotros, por lo cual, a pesar de ser absolutamente cierto que no hay 11 cadáveres" capaces de salir de los lugares en que los hemos depositado para hacer de las suyas con el favor de las tinieblas, como las ciencias acertadamente nos informan, sin embargo, cuando se le pregunta a la ciencia si más allá de los límites de nuestra percepción hay otras " realidades", la respuesta es bastante inquietante; claro que cabe la posibilidad de que Esas otras realidades existan y actúen.

Decíamos que en otras época no era fácil hablar de estos temas, porque vivimos tan sumergidos en la tecnificación de todo, que el mismo concepto tradicional de alma o de espíritu se nos ha vuelto bastante o del todo irreal. No es que la gente mayoritariamente no crea en la existencia del alma; una creencia negativa de este tipo no es suficiente expresarla con palabras, porque a la hora de la verdad cualquiera sabe si nos deja indiferentes la duda de si seguiremos existiendo o no después de la muerte. La Incredulidad en esta materia, mientras la eventualidad de la muerte parece muy lejana, no puede ser tomada en cuenta, aunque sea proclamada con vehemencia arrogante.

No se trata de si se cree o no en un paraíso postmortem, porque la cuestión de los eternos castigos o premios a base de dichas y tormentos a la parrilla ya no preocupa tanto como en los siglos pasados, y las mismas iglesias han dejado bastante de lado los antiguos sermones. Hoy en día el preguntarse si todo se nos acaba con la muerte tiene un sentido menos condicionado a las consecuencias jurídicas que la supervivencia podria acarrear; pero si éstas ya no son tan temidas, no es menor verdad que a nadie le da igual la perspectiva de seguir o no seguir existiendo después de haber expirado el último aliento. O sea, que a todos nos sigue preocupando el porvenir más allá del umbral de la muerte, aunque sea por la rabia que nos da el supuesto de que de nuestras preciosas individualidades no va a quedar rastro alguno.

En fin, todos abrigamos, aunque sea "muy sottovoce", la secreta esperanza de que no moriremos para toda la eternidad, aunque nos quedemos sin carne y huesos. Y, sin embargo, admitida apresuradamente esta ligera esperanza, en seguida alejamos de nuestra mente todo el caudal de preguntas que acerca de ella la razón nos plantea; nos molesta el tener que empezar a darle vueltas a la cabeza porque la muerte nos da miedo, nos espanta, nos repugna. Hasta se considera de mal gusto hablar de ella.

Todas las religiones afirman que la muerte no es más que el trámite para pasar de una forma de existencia a otra, y desde luego ninguna, inclusive la cristiana tan reciente en hablar del tema, deja de proporcionar alguna información acerca de la situación Y las condiciones del hombre después de haber abandonado la vida actual.

LOS OTROS MUNDOS

na pregunta: si las cosas del universo . están más o menos así, ¿qué hay en los otros "mundos" en contacto con el "nuestro"? Y otra: ¿y si los seres de esos otros mundos poseen el secreto de introducirse en el nuestro, no serán estos seres los "míticos ángeles y demonios"? Otra pregunta más: ¿irán las ánimas de los muertos a las otras dimensiones pudiendo desplazarse, esto es, volver, también a la nuestra? Supongamos que a todas estas preguntas se pueda responder que si, sin temor a hacer el"ridículo, porque el supuesto teórico es válido. Surge la última y más importante de las preguntas: ¿por qué, en busca de qué, esos seres se introducen en nuestro mundo? ¿Acaso vienen como vampiros? No hay que excluir tal eventualidad, porque en el fondo todos los acontecimientos que se desarrollan en el Cosmos, en última instancia, se resuelven en términos de una economía de intercambios cuánticos de energía, y bien podría ser que, como nosotros nos alimentamos de calorías de seres de nuestro mundo  (vegetales y animales), seres de otros se alimentasen de "calorías nuestras".

En una palabra, pudiera ser que nosotros fuésemos el ganado" de los otros", que nos utilizaran en todos los sentidos, a saber: como alimento (vampirismo) y "vehículos" (posesiones, entre ellas la licantrópica) para 1/ actuar" en nuestro mundo. Y si es así, siendo posible que así sea, lo mejor será que se nos quite la sonrisita escéptica cuando oigamos hablar, en términos de "pesadillas o delirios mitológicos o cuentos de vieja", de "posesiones". Independientemente de las a menudo pueriles descripciones y explicaciones que se han venido dando de ciertos hechos, calificados como de vampirismo, lo cierto es que tales hechos se han venido verificando en todos los tiempos.

En todas las civilizaciones y culturas, independientemente de la religión predominante, ha existido y sigue existiendo una gran preocupación por causa de la aptitud y gran poder que los seres "invisibles" pueden desplegar hacia los hombres. Y de esta preocupación dimanan los cultos y ceremonias fúnebres, como las precauciones que cada cultura ha tomado para evitar y prevenir las actuaciones dañinas, maléficas, en una palabra, vampíricas de esos seres. Y los exorcismos no son
 

más que recursos extremos para remediar situaciones de "posesos" graves. Pero vayamos por orden. En primer lugar es incuestionable el hecho de que en todas las religiones pre y megaliticas, y entre éstas muy significativas son la egipcia y las sudamericanas preincaicas, como las todavía actuales de Africa y Australia, lo que se intenta es asentar a las almas de los muertos o en el esqueleto o en la momia de su cadáver o en una piedra (menhir) o en un "fetiche" cualquiera para que no actúe como vampiro entre los vivos, y lo mismo se hace con los "otros seres invisibles y poderosos no humanos"