Historias de fantasmas

Para no perder la costumbre, salí por la mañana a caminar y buscar una historia que contar; apenas ayer había regresado de un viaje, razón por la cual me sentía un poco cansado. Andaba por el barrio de mi juventud, todavía vive allí un antiguo amigo de entonces, así que pasé a saludarlo y a descansar un momento; eran aproximadamente las once de la mañana. Llamé un par de veces a la puerta, hasta que por fin me recibió Diana, la hermana menor de Ernesto. Nos sentamos en el comedor, me ofrecieron un refresco que acepté gustosamente, charlamos un buen rato recordando viejos momentos y de pronto salió a colación un comentario sobre la "Casa de los Perros", hablamos sobre las apariciones y otros misterios que rodean a esa enigmática morada. Poco a poco comenzaron a surgir más historias de fantasmas, pero hubo una que llamó poderosamente mi atención (no sé por qué siempre la atención llama «poderosamente»), Martha la otra hermana de mi amigo Ernesto comenzó a relatar lo siguiente:

Un día hace más o menos dos años, caminaba por esta calle. Eran tal vez las nueve o nueve y media de la noche, prosiguió Martha, yo venía con un paso tranquilo; todo aquello lo decía con un poco de nerviosismo y moviendo mucho las manos pero ella continuó con su relato De pronto sentí que alguien me venía siguiendo, me di vuelta apresuradamente, pero no vi nada. Esa misma sensación me siguió hasta llegar a la puerta de mi casa, ya para ese momento me sentía desesperada; entré a la casa y para colmo de males no había nadie, todas las luces apagadas y yo con un miedo terrible. Entré a la sala y me senté a rezar, no soy muy religiosa, pero cuando uno tiene miedo hace hasta lo que nunca haría para calmarse. En aquel momento estuve a punto de llorar de desesperación, pero me contuve cuando escuché unos murmullos en la calle, pensé que eran mis papás, entonces me acerqué a la puerta, la abri y miré a ambos lados para ver quién era, pero sólo alcancé a ver unas siluetas a lo lejos, tal vez iban caminando.

Entré a la casa y ya más calmada me senté en el sofá y me puse a razonar qué era lo que me estaba sucediendo. Estaba repasando los hechos cuando escuché otra vez unos murmullos, pero ahora esperé a ver si abrían la puerta, ya que si se abría eran mis padres, pero pasaron poco más de dos minutos y no abrían; entonces me impacienté aun más y la abri yo y para mi sorpresa me encontré que era una pareja ancianos pidiéndome suplicantes que les permitíera alojarse en casa sólo por esa noche. Aquello me sorprendió, pero me negué rotundamente y sin dar/es explicaciones les cerré la puerta en las narices. Me empecé a poner nerviosa de nuevo, y escuché otra vez el lamento suplicante de los viejos. Esta vez más enojada que nerviosa, les dije que aquí no era la pensión, que buscaran otro lugar.

En ese momento me di cuenta que Martha estaba a punto de llorar.

Sonó el teléfono continuó Martha, eran mis padres me dijo que llamaban para avisarme que no llegarían hasta el día siguiente, ya que estaban  mis abuelos, quienes se encontraban muy enfermos. les dije que no había problema, pero me iba a quedar sola un buen rato ya que Diana y Ernesto estaban en la casa de una amiga de ella. les recomendé que cuidaran mucho a los abuelos y que les dieran un abrazo de mi parte. Colgué el teléfono y los viejos seguían ahí, ya no hablaban pero se notaban sus siluetas a travé de la ventana. De pronto sentí lástima por ellos y decidí dejar/os entrar, porque vi que tiritaban de frío.

Se sentaron en la sala y les serví un café¡ hablamos un rato, me dijeron que venían de de un pueblo bastante lejano, a ver a un hijo que vivía por estos lares, pero por ser de noche se habían perdido y no habían dado con la casa. los ancianos no paredan ser pobres, sólo que estaban un poco desarreglados por el viaje, con la ropa arrugada y un poco despeinados¡ la mirada de aquel señor me recordaba fuertemente a alguien, sólo que en esos momentos no podía precisar a quién.

Un par de lágrimas rodaron por las mejillas de Martha que se las enjugó rápidamente y continuo relatando:
Pasó un buen rato y los viejitos seguían chralando animadamente, eran más de las once de la noche y ellos como si no sintieran cansando¡ les dije que me tenía que ir a donnir¡ ellos me suplicaron que los dejara pasar la noche aunque fuera en el suelo. Por la forma en que me lo pidieron no me pude negar, además, se me ocurrió que así no estaría sola, recordando lo que había vivido hada un momento. les traje una colchoneta, un par de frazadas y dos almohadas, yo mísma se las tendí. El señor, al irse agachado, tiró la taza con el poco café que quedaba¡ la taza se rompió y el líquido manchó el sofá, por lo que inmediatamente el pobre viejito intentó disculparse, muy apenado. Yo le dije que no había problema. Enseguida se acostaron, les apagué la luz, me fui a mi cuarto, me puse mi camisón y me dispuse a dormir¡ todavía recordaba la sensación de terror que tenía cuando volvía a mi casa. Sacudí la cabeza tratando de olvidar/o, pero con la compañía de los viejos me sentía más segura¡ sólo quería dormir, pero por alguna razón no podía hacer/o, a pesar de que estaba muy cansada. Entonces fue que escuché unos ruidos en la sala, donde se encontraban los ancianos, fuí adonde ellos y efectivamente era la señora que buscaba el baño. le indiqué el lugar y tras darme las gradas se fue alejando poco a poco pero noté algo raro en su forma de caminar: no caminaba era como si flotara o se deslizara, pero pensé que por la oscuridad o por el cansando, mís ojos me estaban jugando una broma. Regresé a la cama e intenté dormir¡ de pronto recordé la forma en cómo me hablaba mi abuela, siempre didéndome Hija, igual a como me había llamado la anciana hace un momento. No sé cómo, pero finalmente me quedé dormida¡ cuando desperté, miré el reloí, eran las siete menos diez. Me levanté, fui a la sala y los viejitos ya no estaban, la colchoneta y las frazadas estaban muy bíen dobladas en un rincón. Por un momento pensé que estaban en la cocina, entonces fui a buscados, pero no los encontré, entonces empecé a sentir cierta extrañeza porque se fueran sin despedirse y agradecer mi hospitalidad. En ese momento entraron Diana y Ernesto, que llegaban de la casa de su amiga, me preguntaron qué me sucedía.

Se veia frenética interrumpió Ernesto. Martha continuó diciendo:

Diana me dijo sobre un detalle que yo había pasado por alto, me preguntó de quién eran esas tazas de café.

Yo interrumpí preguntando si las tazas estaban llenas. Ella me contestó que sí y que hasta estaban humeando como si las acabara de servir. Pero no mencionaste que habías preparado más café volví a interrumpir.

No, yo no había preparado nada me contestó. ¡Entonces fueron los viejosexclamé.
Eso mismo pensé yo dijo Martha pero al mirar las tazas me sorprendí pues eran las mismas que yo había utilizado la noche anteríor.

Pero pudieron lavadas los viejos dije yo.

Por supuesto, pero el jabón no estaba afuera, y no se veían rastros de agua en la pileta, todos esos detalles parecen ínsignificantes, pero hay algo muy extraño.

¿Te referís a la mancha?pregunté

S¿ a eso y a cómo fue que dejaron la taza que se había roto la noche anteríor intacta, además es muy raro que en un día se quite una mancha de café en un sofá, ya que son muy difíciles de lavar. Cuando me di cuenta de todo eso me puse histérica y casi me da un shock, pero afortunadamente llegaron mis padres y me ayudaron a calmarme, lo que no duró mucho, ya que me dieron una noticia que me puso todavía peor: mis abuelos habían fallecido. Como podrás imaginarte me ahogué en un mar de lágrimas y así estuve varios días.

¿Y no te acordaste de los viejos? le pregunté intrigado. S¿ pero eso sucedió unos días después, ya que me puse a pensar que tal vez ellos dos eran mis abuelos. En el entierro volví a ver unas siluetas muy parecidas a ellos, muy a lo lejos. Noté que se movían, tal vez me decían adiós, además la mirada del anciano era igual a la de mi abuelo, mientras que la viejita me hablaba igual que mi abuela.

"Qué creés que haya sido eso? le pregunté.

No sé, tal vez se querían despedir de mi lo que sí es seguro es que no quiero que nadie se vuelva a despedir de esa manera de mí.

Miré de reojo mi reloj y vi que ya eran las cuatro de la tarde y yo tenía que regresar a mi casa; me despedí de Ernesto, de Martha y Diana dándoles un abrazo y un beso. Salí consternado de ahí. ¿Qué es lo que le había sucedido 'a Martha? ¿Una pesadilla, una alucinación, tal vez las dos cosas juntas o tal vez nada?
Lo que sí es seguro es que . encontré una historia muy interesante para contarles y para guardar en mi colección.