Gnomos, duendes y seres fantásticos como dragones y trasgos

El mundo en el que vamos a penetrar presenta unos extraños pobladores.

Para definir tales entes, algunos teólogos no han dudado en recurrir a la noción de «preternatural», es decir, a un lugar, en la jerarquía de los seres, situado entre lo natural y lo sobrenatural, mientras que los folkloristas y los especialistas en mitologías se han contentado con recoger toda la información posible sobre los seres que constituyen un permanente desafío a cualquier intento de clasificación, ya sea por géneros o por especies. Tanto más cuanto que la presunta psicología de estos seres, sus costumbres, su misma apariencia, cambia según los testimonios o los narradores.

Lo mismo puede decirse de los dracs, que como escribió en el siglo XIII Gervasio de Tilbury en Otia imperialla, no serían más que espíritus acuáticos. Ellos o, más bien «ellas», ya que suelen ser del género femenino, al igual que las sirenas, las lamias vascas y las dones d'aigua catalanas atrajeron numerosas veces a sus dominios a las mujeres y a los niños, presentándoseles bajo la forma de anillos preciosos y de copas de oro que se veían brillar bajo el agua. Los imprudentes que intentaban apropiarse de estos tesoros eran engullidos en las profundidades del río.

 

TRASGOS y DRAGONES

 

Gervasio de Tilbury acusa a los dracs de secuestrar sobre todo a las nodrizas, para obligarlas a alimentar a sus propios hijos:

Una lavandera, al querer atrapar un vaso de madera que flotaba cerca de su colada explica, fue conducida por los dracs a un magnífico refugio; durante su estancia, se frotó los oías con grasa de serpiente, yal regresar a la Tierra adquirió la facultad de ver a los docs, Invisibles para los hombres normales.
Pero cometió la tontería de confiar su secreto a una advenediza, y ésta se transformó Instantáneamente. Era fa madre del pequeño drac que había sido criado por fa lavandera. Y así, la charlatana perdió el poder que había adquirido. Mistral relató una historia muy semejante en un canto de su Poema del Ródano titulado en provenzal Lou Oran.

En numerosas zonas de la vieja Europa se descubren las huellas de un pequeño ser pícaro y burlón, tan travieso, astuto y escurridizo que el diablo le expulsó del infierno. Su nombre es también drac correspondería al castellano trasgo, vulgarmente llamado duende y gasta bromas pesadas a todo er mundo apaga las velas, enreda las madejas de las hilanderas, desata las vacas en los establos, quita las herraduras a ros caballos, cambia el heno por estiércol en los pesebres, etc.

Lope de Vega
, en una de sus comedias, dejó una pintoresca descripción de estos seres:

"Hecho me has imaginar que los que llamar pretendes demonios son estos duendes que suelen siempre habitar el más obscuro lugar; que es de celos condición una escura confusión, budas y transformadores, que averiguando opiniones de dos mil colores son.

Sin embargo, existían varios modos de devolverle las burlas al trasgo, por ejemplo derramando mijo o trigo en el suelo. Como se creía obligado a contar los granos y sus manos estaban agujereadas como un cedazo, eso le llevaba mucho tiempo, y su furor era tal que tardaba tiempo en volver por allí.

En comparación con el duende, el dragón es terrible. Esta especie de reptil o de batracio gigantesco, provisto de garras y de alas, aparece tan pronto negro como resplandeciente, y su boca exhala lenguas de fuego o nubes de humo. Sería un error creer que únicamente se le encuentra en China, ya que son muchos los dragones que aterrorizaron a Europa en todas las épocas, cuyos rastros se encuentran tanto en la literatura y en los libros de santos corno en el folklore: desde el Fafnir de los Nibelungos y el dragón muerto por san Jorge de Capadocia.

 

 

SIMPÁTICOS SERES DEL BOSQUE

Además de San Jorge y del Arcángel San Miguel, muchos otros santos vencieron a dragones locales. Cualquiera que fuera el enemigo a batir, siempre triunfaba el bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas. Pero el dragón es también el símbolo de la vigilancia: los antiguos le confiaron el cuidado del jardín de las Hespérides, del vellocino de oro y de la bella Andrómeda. En el siglo XIX aún se pensaba, en medios populares, que se encargaban de defender los tesoros encerrados en cuevas, en las que, de buen seguro, nadie osaría aventurarse.

Muy diferente es el caso de los "genios familiares", duendes en la acepción que ha sido más explotada desde el punto de vista literario y otros enanos legendarios, que poseen más de un rasgo común con el hombre. A menudo, como el pueblo de los gnomos que habita en las zonas más húmedas de Alemania, constituyen una especie de humanidad en miniatura y forman una sociedad que, desde todos los puntos de vista, puede compararse a la nuestra (aunque más rústica, ciertamente). Pero en numerosas ocasiones se mezclan con los seres humanos, bien sea para ayudarles, para perseguirles con sus perpetuas bromas, o para mantenerles en el recto camino del deber y ejercer sobre ellos una justicia expeditiva.

Algunos duendes llegan a trabar amistad con los hombres.