Biorritmos

Los biorritmos, o ritmos de la vida, son los tres ritmos biológicos relacionados con las variaciones en la actividad física, emocional e intelectual. Las primeras observaciones científicas en este campo se llevaron a cabo a finales del siglo pasado, por el doctor Wilhelm Fleiss, que más tarde fue nombrado presidente de la Academia Alemana de Ciencias, y por el doctor Hermann Swoboda, un at1stríaco que más tarde sería profesor de psicología en la universidad de Viena.

Ambos médicos, cada uno por su lado, observaron que determinados síntomas físicos y psicológicos se repetían regularmente en muchos pacientes. Ambos llegaron a la conclusión de que ciertos síntomas físicos tenían un ciclo de 23 días, y algunos síntomas emocionales un ciclo de 28 días. Estudiando los ciclos de un individuo, y observando en qué punto se .originaban éstos, descubrieron que los ciclos se habían originado el día de su nacimiento.

El ciclo intelectual fue descubierto en los años veinte por Alfred Teltscher, un médico e ingeniero austríaco. A partir del descubrimiento de Fleiss y Swoboda, Teltscher decidió observar el comportamiento intelectual de sus estudiantes de lnnsbruck y, después de comparar y analizar su información, descubrió un ciclo intelectual regular de 33 días.

El primer intento de aplicar los biorritmos fue realizado por los suizos, poco antes de la segunda guerra mundial, cuando se quiso incrementar la eficacia y bajar el riesgo de accidentes en la industria.

En 1956, el doctor Kichinosuke Tatai, preocupado por el gravísimo problema de los accidentes de tráfico en el Japón, reanudó las investigaciones de los suizos. Los japoneses afirman haber conseguido \Un éxito muy importante en sus pr.ogramas de prevención de accidentes basándose en la predicción de los biorritmos. Tuve ocasión de hablar con un agente de seguros que me dijo que ofrecía primas reducidas a las compañías de transporte qUe .operan con programas de seguridad basados en biorritmos.

La explicación más satisfactoria de cómo los biorritmos afectan nuestra vida diaria sería considerar cada ciclo biorrítmico como una variación de la energía que cada individuo posee. La fase activa de cada ciclo indica un buen suministro de energía y la fase pasiva un suministro menos abundante. Los días que separan estas fases se consideran días inestables, o días de cambio, cuando el suministro de energía puede oscilar hacia atrás o hacia delante entre activo y pasivo, dependiendo de los estímulos externos. Esta interpretación se ajusta a la realidad si observamos que las tensiones sufridas durante estos días pueden producir un rendimiento tanto «bueno» como «malo» en la actividad. Los días de cambio situados entre los días activos y los días pasivos se conocen como días críticos. Durante estos días los ritmos se vuelven inestables y caprichosos; por lo tanto, en este período hay que hacer gala de precaución.
De este modo, los biorritmos proporcionan un esquema de nuestras reacciones. Cada individuo tiene varias maneras de reaccionar ante situaciones particulares, y los biorritmos facilitan un mapa de estas variaciones en nuestro comportamiento. Si trazamos los biorritmos en una gráfica, durante un período de doce meses, podremos observar esquemáticamente cómo se reparten las energías biorrítmicas, y entonces adaptar con más facilidad el esquema de energías a nuestro esquema de comportamiento.

La teoría biorrítmica moderna asegura que si bien muchas de nuestras reacciones a situaciones de tensión pueden corresponder a una norma general, el esquema general de comportamiento / de un individuo es único. Las reacciones de una persona a la variación biorrítmica de energías dependen evidentemente de su naturaleza ya sea intelectual, emocional o física y de su actividad; es decir, si se realiza un trabajo manual duro o un trabajo sedentario, de creación. Sin embargo, cualquiera que sea su actividad, a condición de que esté trabajando casi al máximo; su esquema de comportamiento va unido a sus biorritmos.
Como ejemplo podríamos decir que, si cada biorritmo está en fase activa, las personas extrovertidas sienten que ese período es bueno para ellas, ya que pueden gastar esa energía en perseguir sus objetivos normales, y todavía pueden conservar un remanente. Por el contrario, hay personas introvertidas a quienes no les gustan estos períodos. Se sienten inquietas, irritables y a veces deprimidas, ya que sus actividades vitales no están orientadas a gastar toda esa energía. La acumulación de energía puede resultar tan incómoda como gastarla en exceso.

Si conocemos la relación entre nuestro esquema biorrítmico y el esquema de nuestro comportamiento, podemos aprender a compensar las variaciones indeseables provocadas por el efecto biorrítmico. Por ejemplo, un joven jugador de golf, después de haber estudiado su calendario biorrítmico durante un año, anunció que había descubierto qué facetas de su juego tenía que cuidar y cómo podía mejorar su actuación. Su esquema personal mostró que jugaba mejor en los torneos cuando estaba en la fase pasiva de su ciclo físico. Comprendió que esto se debía a que cuando tenía un buen suministro de energía física se esforzaba demasiado en el momento de golpear la pelota, en vez de limitarse a cuidar el balanceo del palo.

 

Test cromático de Luscher

Ese test fue presentado como un test de la personalidad, hace aproximadamente unos veinticinco años, por el doctor Max Liischer, profesor de psicología en la universidad de Basilea. El test se basa en la teoría de que la preferencia que todos sentimos por ciertos colores y nuestra aversión hacia otros revela cierto estado de ánimo, o cierto equilibrio glandular, o ambos a la vez.

Los orígenes de la importancia de los colores se remontan a tiempos muy lejanos, cuando la vida cotidiana del hombre estaba gobernada por dos factores: la noche/oscuridad y el día/luz. Los colores asociados con estos dos ambientes son, respectivamente, el azul oscuro y el amarillo, e incluso las respuestas automáticas del cuerpo están asociadas con ellos: el azul oscuro se traduce en una baja actividad metabólica y glandular, y el amarillo en un incremento de la actividad metabólica y de la secreción glandular, que en esa época proporcionaba la energía necesaria para cazar y recoger leña durante el día. Los actos de ataque han llegádo a estar universalmente asociados con el color rojo, mientras que los de defensa (aunque impliquen «ataque») se asocian con el verde. Estas asociaciones han sido confirmadas mediante experimentos: una persona que ha sido expuesta al rojo puro durante cierto tiempo se estimula, y la presión de su sangre, la velocidad de su respiración y el palpitar de su corazón aumentan. La exposición al azul oscuro produce el efecto opuesto.

El test de Liischer utiliza setenta y tres fichas de color, con vcinticinco tonos y formas diferentes, y requiere cuarenta y tres selecciones relativas diferentes. En el test abreviado se utilizan  ocho colores, y esta versión puede resultar muy instructiva para identificar áreas de tensión psicológica y física, ya que puede prevenir a tiempo gran número de dolencias.

El azul oscuro, el amarillo, el rojo y el verde son los cuatro colores psicológicos primarios. Los colores auxiliares del test abreviado son el violeta (mezcla de azul y rojo), el marrón (mezcla de amarillo, rojo y negro), el gris (que es neutro y está situado a medio camino entre claro y oscuro) y el negro (que es la ausencia de color).

El método para efectuar uno mismo el test consiste en colocar las ocho fichas decolorO en un semicírculo y escoger el color que se prefiere, sin asociar dicho color con nada externo (por ejemplo, papel pintado, un coche o un vestido). Se da la vuelta a la ficha y se prosigue la selección con los demás colores. Se repite el procedimiento hasta que todas las fichas estén boca abajo. Entonces se vuelven a colocar las fichas y se realiza todo el test de nuevo, esforzándose por no relacionar ni positiva ni negativamente la segunda selección con la anterior. Ambas selecciones nos servirán para efectuar la interpretación, pues cada ficha de color corresponde a un número, y la secuencia de números se interpreta según una tabla de evaluaciones diagnósticas, psicológicas y físicas.