Metabolismo de los hidratos de carbono: abordando la diabetes

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La elección de los alimentos idóneos para quienes sufren de trastornos en el metabolismo de hidratos de carbono se hace evidente mediante una comprensión de los procesos fisiológicos y químicos implicados en dicho metabolismo. Los hidrato s de carbono (carbono, oxígeno e hidrógeno) al ser los elementos macronutritivos más prontamente utilizables, constituyen para el organismo el factor energético más importante. Existen tres tipos
principales de hidratos de carbono:

1) Monosacáridos. Azúcares simples como la glucosa, procedente de frutas, vegetales y de la culminación de la digestión de hidrato s de carbono; la fructosa, procedente de los zumos de fruta y la miel; la galactosa, procedente de la descomposición de la lactosa de la leche animal.

2) Bisacáridos. Combinaciones de dos azúcares simples

como la lactosa, compuesta de glucosa y galactosa; la sacarosa, de la remolacha, la caña de azúcar, la miel y el arce: mezcla de glucosa y fructosa; la maltosa, presente en los productos de malta y las semillas germinadas, compuesta de los moléculas
de glucosa.

3) Polisacáridos. Son complejos de unidades de glucosa, insolubles en agua y de alto peso molecular; los principales son las féculas, reservas alimenticias de las plantas protegidas por cáscaras, que en algunos casos tienen que retirarse para permitir la entrada de las enzimas digestivas durante su preparación; la oelulosa, que no es digerible por el cuerpo humano pero que es necesaria como fibra.

Los hidratos de carbono deben ser reducidos a unidades monosacáridas para poder ser absorbidos por el organismo a través de los intestinos Y luego asimilados en el torrente sanguíneo. El trigo, el arroz, las patatas, la caña de azúcar Y la remolacha son ejemplos de polisacáridos cuya digestión debé empezar en la boca. Las enzimas salivales dividen las féculas mientras los alimentos son masticados hasta formar el bolo alimenticio. Algunos tipos de hidrato s de carbono vuelven a ser divididos en el estómago, pero el área digestiva principal se encuentra en el intestino delgado, donde la materia parcialmente digerida proveniente del estómago :se mezcla con los jugos del páncreas.
La glucosa resultante encuentra fácilmente su camino hacia tres días, a menos que lo hagan bajo la supervisión de una persona experimentada en la dirección de períodos de ayuno.

El ayuno no cura las enfermedades, pero a menudo constituye el primer paso hacia la autocuración:

a) interrumpe el consumo de lo que, por lo general, ha sido la causa de la misma enfermedad;
b) permite que los órganos vitales reposen, reduciendo así su carga de trabajo: corazón, riñones, pulmones, bazo, hígado; e) los órganos de almacenamiento, como el estómago y la vesícula biliar, se vacían y eliminan las impurezas obstructivas e ineficaces, así como los organismos que producen putrefacción; ti) los órganos de eliminación, como los riñones, los intestinos y los pulmones, pueden procesar las reservas pendientes "in tener que recibir nuevo material de desperdicio;
e)    las secreciones fisiológicas se normalizan;
f) las acumulaciones patológicas y anormales son eliminadas. Como resultado de un ayuno inicial y del cuidado nutritivo
posterior, así como del de otros aspectos de la vida diaria, usualmente se produce:

1)    un rejuvenecimiento de las células y de los tejidos;
2)    una revitalización de las energías corporales;
3)    una mejor digestión, absorción y asimilación de los alimentos;
4)    una normalización del peso;
5)    un aumento de la capacidad respiratoria;
6)     una mayor claridad de pensamiento y un fortalecimiento de la mente.

El ayuno no presenta riesgos si se toman todas las precauciones necesarias; por ejemplo, resulta muy peligroso ingerir según qué medicamentos durante un período de ayuno. El sistema nervioso, recién tonificado con una mayor conciencia, puede reaccionar en su defensa produciéndose consecuencias dramáticas.

Es importante tener cuidado en el momento de interrumpir el ayuno. Se debe comer poco al principio, aumentando el volumen de alimentos gradualmente durante los días siguientes, ya que el estómago se encuentra contraído. Una buena regla consiste en tardar tantos días para regresar a una dieta normal como días se haya ayunado.

Finalmente, hay que dejar que el cuerpo recién educado indique cuándo no debemos comer en el futuro; nunca cuando tengamos fiebre o suframos infecciones, ni tampoco después de una conmoción o una lesión seria, o en cualquier enfermedad aguda.