Higiene natural, dietas y alimentos

Según su fundador, Herbert M. Shelton, la higiene natural es un arte y una ciencia. Su propósito es averiguar y aplicar las leyes de la vida a fin de mantener o recuperar la salud  y la felicidad. La higiene promueve y restaura la salud, actuando más sobre las causas de la salud que sobre las de la enfermedad. Lo que no es útil para la salud, tampoco es útil para la enfermedad.

Existe una única causa, de curación, de enfermedad y de cuidado: todas las llamadas enfermedades, con exclusión de los accidentes, independientemente de la parte del cuerpo en la que se manifiestan, son ocasionadas por la toxemia. La curación del paciente implica la reducción del estado tóxico, cualquiera que sea la denominación que reciba la enfermedad. La enervación del cuerpo reduce su capacidad para eliminar eficazmente las sustancias tóxicas. Por consiguiente, hay que hacer esfuerzos para reducir la fatiga, no mediante tratamientos estimulantes, sino descansando tanto interna como externamente.

Resulta peligroso eliminar los síntomas a fin de reducir el dolor, la hinchazón o la baja presión sanguínea, ya que éstos pueden ser una compensación natural de una función defectuosa. Hay que eliminar las causas mismas de la enfermedad. La nutrición, por lo tanto, no es considerada como una modalidad terapéutica, sino como uno de los factores que hay que mejorar a fin de permitir que tenga lugar la auto curación.

El sistema higiénico formula una serie de reglas de alimentación, basadas en leyes fisiológicas:
1) Comer solamente cuando se tiene hambre, cuando el cuerpo desea instintivamente comida.
2) No comer en caso de encontrarse cansado, aburrido, perezoso, desatento, con dolor o deprimido. Estos estados reducen el poder digestivo y pueden provocar putrefacción interna.
3) Comer con lentitud, masticar concienzudamente. «Mastiquemos y paladeemos nuestra comida; nuestro estómago no tiene dientes ni papilas gustativas».
4) Combinaciones de alimentos. La regla ideal es no combinarlos, comer un sólo alimento por comida.
5) En caso de enfermedad, dejar de comer.
 

La dieta Hay

William Howard Hay publicó por vez primera su libro H ealth via Food en 1934. Las ideas propuestas en esta obra no son descubrimientos de un solo hombre, pues Hay utilizó los conocimientos e investigaciones de numerosos contemporáneos eminentes, entre los que se encuentran sir W. Arbuthnot Lane, el doctor John Harvey Kellogg, el doctor J. H. Tilden, el doctor V. H. Lindlahr, el doctor Valentine Knaggs, A. W. McCann, Hereward Carrington, H. M. Shelton y Arnold Ehret.

La llamada dieta Hay se hizo muy popular en la década de los treinta. Esencialmente, esta dieta se preocupa de realizar una combinación sensata de alimentos y de llegar a una comprensión del equilibrio entre ácidos y álcalis. Muchas personas comen demasiados alimentos ácidos, corno la carne, el pan, los cereales y el alcohol. A causa de ello, el aparato digestivo se satura progresivamente de ácidos, produciendo primero estreñimiento y languidez, y finalmente mala salud. La proporción recomendada para una dieta equilibrada es de un 20 % de alimentos ácidos y un 80 % de alimentos alcalinos. Estos prin
cipios han sido perfeccionados por otros autores, siendo probablemente el más representativo el doctor Harry Benjamin.
El razonamiento en que se basa este sistema es que las proteínas requieren secreciones ácidas para ser digeridas, pri mero en el estómago y luego en los intestinos; mientras que los hidrato s de carbono requieren secreciones alcalinas, inicialmen
te en la boca y en mayor cantidad en los intestinos. Por consiguiente, no es recomendable comer una mezcla de proteínas
y féculas (carne y patatas, por ejemplo), ya que las primeras evitan la asimilación de las segundas.

Cuando se tiene sed, los melones, la leche y otros líquidos deben tomarse solos y no en combinación con alimentos sólidos.

 

Clasificación de alimentos

Alimentos muy ácidos: alcohol, aguaturma, cebada, pan, trigo sarraceno, café, miel, lentejas secas, mijo, avena, cacahuetes, patatas, dulces, arroz, centeno, pastas, azúcar, tabaco, nueces, trigo.

Alimentos ácidos: judías, garbanzos, ternera, coles de Bruselas, anacardo, coco seco, yema de huevo, pescado, aves de corral, frutas secas, ciervo, productos de leche pasteurizada, hongos, cordero, cerdo.

Alimentos neutros: aceites de aguacate, de oliva, de sésamo, de coco, de soja, de girasol, de cártamo, de algodón, de almendra y de lino, mantequilla, crema, margarina, grasas animales y manteca.

Alimentos alcalinos: manzana, albaricoque, alcachofas, espárragos, judías, bróculi, col, coliflor, apio, cerezas, achicoria, coco fresco, leche de coco, sucedáneos de café, maíz fresco y dule, berenjena, ajo, grosella, uva, algas, puerro, limón, lechuga, todo tipo de melones, leche fresca, yogur, cebolla, naranja, melocotón, pera, pimiento, rábanos, ruibardo, tomate, nabo, sandía, levadura.

Alimentos muy alcalinos: almendras, aguacate, plátano, zarzamora, zanahoria, cebollino, endibia, melocotón seco, caqui, granada, ciruela, frambuesa y espinacas.

Alimentos extrernadamente alcalinos: judías secas, judías verdes, hojas de diente de león, dátiles, higos (especialmente los negros), ciruelas secas, pasas, acelgas, tubérculos.