Alimentos crudos en la nutrición saludable

Los alimentos crudos incluyen todos los frutos, legumbres, cereales, frutos secos, semillas y hierbas que pueden consumirse sin cocinar; sólo deben limpiarse o pelarse, si es necesario. El queso puede considerarse un alimento crudo. Las ensaladas de legumbres crudas picadas, a rebanadas o enteras, constituyen la forma más simple de alimento. La fruta sin cocinar entra en esta categoría, al igual que las semillas como el girasol y la calabaza, y las hierbas y plantas naturales como el perejil, la menta, el tomillo, el diente de león, la capuchina, etc. Algunos cereales, como la avena y el salvado, pueden consumirse crudos. Todos los frutos secos e incluso las setas pueden ingerirse en estado natural.

Los alimentos crudos tienen varias ventajas: conservan todo su contenido vitamínico y mineral, poseen un alto contenido en materia fibrasa que obliga a una mayor masticaciÓn. Además, cuando los alimentos tienen un alto contenido en agua (lechuga, melón, etc.), el agua es de alta calidad (excepto si estas plantas son cultivadas con agua fluorizada).

Aún no se ha determinado con exactitud el volumen de pérdida de valor alimenticio en todos los casos, pero resulta obvio que los métodos de preparación que emplean agua son responsables de gran parte de este desperdicio. El calor de cualquier tipo es nocivo, pero el agua hirviente es lo peor. La pérdida más importante de vitaminas en procesos de preparación afecta a las vitaminas A y C. La vitamina B solamente se elimina a altas temperaturas, como las producidas por una olla a presión. Al hervir las legumbres, el mayor desperdicio es de sales minerales, y esta merma puede ir del diez al sesenta por ciento de su contenido original. Aquí damos algunos ejemplos:
La pérdida de magnesio y hierro puede ser considerable si se hierven las legumbres. Esta pérdida puede reducirse considerablemente si las legumbres son vaporizadas, horneadas, fritas o hervidas con su piel. La piel de la patata es una de las fuentes más ricas en potasio. La col cruda y la avena constituyen dos de las mejores fuentes de silicona. Comer col y avena crudas, y añadir un poco de espinaca cruda a la ensalada son costumbres muy sanas.

La pérdida de valor nutÍ"itivo no sólo se produce por los procesos de cocción. Al preparar los alimentos se desperdicia gran parte de los elementos nutritivos: las hojas exteriores de las verduras contienen más vitamina A que las interiores; el contenido de vitamina A de la piel del tomate es veinte veces superior al de la pulpa; y las hojas oscuras de los vegetales pueden contener hasta quince veces más calcio y el doble de hierro que las hojas interiores. Las legumbres y frutas también pierden parte de su valor nutritivo cuando se las almacena durante cierto tiempo.

Para que una dieta completa de alimentos crudos se encuentre razonablemente equilibrada debe contener frutas, legumbres, nueces, queso, cereales, aceites de semillas, miel, melaza y hierbas. Las frutas y legumbres no contienen suficientes proteínas para satisfacer los requisitos del organismo, y es necesario contrarrestar la insuficiencia proteínica con nueces, queso y cereales. Los hidratos de carbono pueden obtenerse de los cereales, la miel y la melaza, por lo tanto, es recomendable que la dieta diaria esté compuesta por un 80 % de frutas y legumbres, un 10 % de proteínas, un 8 % de cereales y el 2 % restante de miel y melaza. Como la fruta y las legumbres tienen un considerable contenido en azúcar, la demanda de azúcar de otras fuentes es menor.

Gran número de enfermedades son debidas a la existencia de un exceso de acidez en el organismo. Esto se explica debido al exceso de ácido en la dieta normal. En el apartado de «La Dieta Hay» aparece una lista de los principales alimentos ácidos y alcalinos. Esta lista demuestra que la fruta y las legumbres tienen una estructura predominantemente alcalina. Es esta propiedad alcalina la que da a la dieta de alimentos crudos sus características terapéuticas.
Existen distintos niveles de acidez y alcalinidad que debemos tener en cuenta a la hora de hacer una dieta: la carne de cerdo, por ejemplo, es más ácida que el cordero; y la fruta y las legumbres varían en alcalinidad: las espinacas y la lechuga pueden contener demasiado ácido oxálico para los niños y algunos adultos; el ruibarbo tiene un alto contenido de ácido oxálico y no debe comerse mas que en contadas ocasiones; en ciertos casos de artritis, las naranjas no son recomendables. No obstante, la fruta ácida tiene normalmente una reacción alcalina y, por consiguiente, se la clasifica como alcalina.

Algunos alimentos ácidos son necesarios, puesto que casi todas las proteínas serían eliminadas si se siguiese una dieta totalmente alcalina, Como terapia a corto plazo, una dieta compuesta únicamente por alimentos crudos puede ser altamente alcalina y desintoxicadora. Como proyecto a largo plazo, la dieta debe contener algunas proteínas ácidas. Pero toda dieta equilibrada debe contener al menos una fruta cruda y una ensalada al día para lograr un buen equilibrio entre ácidos y alcálisis. La falta de equilibrio en la dieta provoca una falta de equilibrio (estado enfermo) dentro del cuerpo.
Una dieta compuesta sobre todo por alimentos crudos es útil para quienes sufren esclerosis múltiple y la enfermedad de Parkinson. También ayuda a quienes padecen de reumatismo y artritis, y estimula la respiración en casos de sufrir catarro crónico.
 

 

 

El sistema BircherBenner

El doctor BircherBenner fundó su famosa clínica de Zurich en 1902. El sistema dietético que lleva su nombre se basa en la gran importancia que tienen las verduras crudas en la nutrición. Este sistema está relacionado con todos aquellos regímenes a base de alimentos crudos y se encuentra dentro del movimiento de reforma alimenticia.
El sistema BircherBenner se basa en seis principios:

1) La mitad de la dieta diaria debe estar constituida por verduras crudas. Éstas deben ser frescas y cultivadas en suelos no contaminados. (El calor destruye los enzimas y vitaminas, alterando las propiedades físicas y químicas de las plantas.)

2) Comenzar las comidas con alimentos crudos y seguir con alimentos cocinados.
3) Comer todos los días hojas verdes (clorofila).
4) Si se necesitan proteínas, comer proteínas lactovegetananas (huevos, queso, etc.), pero nunca carne.

5) Para dar sabor, utilizar hierbas aromáticas, sal biológica, productos derivados de la levadura, azúcar moreno o miel. Evitar todos los condimentos que adormecen el paladar, como la sal común, el vinagre y la pimienta.
6) Los cereales deben ser integrales.