Alimentos integrales y terapias

Los alimentos integrales deben cumplir un requisito fundamental: estar cultivados «orgánicamente», es decir, sin la ayuda de fertilizantes químicos, y encontrarse libres de pesticidas y herbicidas.

Hace cincuenta años, el concepto de alimento integral era poco conocido. Lo :que lo ha puesto de actualidad ha sido el impacto de la industrialización agrícola y de la tecnología alimenticia en los países desarrollados y, en particular, el uso de fertilizantes y aditivos químicos, tanto para estimular el crecimiento de las plantas como para conservar, colorear y dar sabor a los alimentos. Sabemos que muchos de los productos químicos utilizados son letales para las plantas y la vida humana. La teoría de que el consumidor solamente consume dosis infinitesimales está en conflicto con los conocidos efectos acumulativos de dichas materias tóxicas. El hecho de que determinado aditivo químico sea finalmente prohibido queda neutralizado por las constantes adiciones de nuevos productos tóxicos.

Aparte de los alimentos integrales que se comen crudos como frutas, legumbres y frutos secos, existe una segunda categoría de alimentos que deben ser procesados, como el trigo y el azúcar.

Si el trigo se cultiva de forma natural y después se muele en rueda de piedra, se obtiene una harina que conserva el vital germen de trigo, y está provista de suficiente materia fibrosa (salvado) para ser comestible y digestible. En este caso, la tasa de extracción es del 80 al 85 %, es decir, que 100 kilos de trigo producen 85 kilos de harina.

El azúcar es un alimento natural que está presente en la mayoría de las frutas y en muchas legumbres. No obstante, extraer suficiente azúcar de estos alimentos requeriría consumir cantidades enormes de materia fibrosa, lo que resulta imposible para la economía humana y para la mayoría de los procesos digestivos. Cuando se utilizó por primera vez el azúcar  de caña, fue tanto con finalidades medicinales como para ser usado como artículo de lujo en la dieta. La extracción era limitada y el azúcar era oscuro y contenía muchas de las vitaminas, aminoácidos y sales minerales presentes en la planta en estado natural. Pero la eficiencia en el refinado del azúcar aumentó la productividad y erosionó la calidad nutritiva del mismo. Gradualmente, el azúcar blanco llegó a su actual contenido de 99 % de sacarosa, pero todos los elementos nutritivos esenciales habían sido eliminados durante el proceso, llegando así a un alimento desequilibrado y deficiente.

La introducción del molino de rodillos de acero para la producción de harina y el crecimiento incontrolado del refinado de azúcar, tanto de caña como de remolacha, representan una amenaza para la salud, pues alteran los alimentos naturales transformándolos en alimentos casi «muertos», con pocos o ningún elemento natural esencial para la salud. Además, este proceso crea una peligrosa concentración de materii1 calorífica que altera el equilibrio del cuerpo.

Las dos guerras mundiales demostraron que cuando aumentó el consumo de los cereales integrales, debido al racionamiento del ,pan y del azúcar blancos, la salud pública mejoró considerablemente.

La alimentación de la población mundial requiere procesos industriales capaces de producir cantidades masivas de alimentos. El problema consiste en mantener los niveles nutritivos de éstos. El creciente número de tiendas de salud en los centros urbanos revela una mayor conciencia de la importancia de los alimentos integrales. La cuestión reside en cómo ponerlos a disposición del público mediante la educación y los avances tecnológicos.