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La ley del deseo

Cuanto más observamos estrechamente el funcionamiento sutil de nuestro ser, más impresionante nos parece. Uno de los aspectos más imponentes de nuestro sistema cuerpomente es la existencia de una sabiduría directriz interior. Emergiendo de las capas más profundas de nuestra conciencia, esta inteligencia sabe cómo supervisar nuestro funcionamiento, de manera de remediar cualquier desorden del sistema, así como de mantener el resto a niveles óptimos. Es una sabiduría interior orientada hacia la salud, una parte fundamental del legado que recibimos de formas de vida más simples.

 

Esta sabiduría interior, que impregna nuestro ser entero, es una parte natural tanto del plano psicológico como del físico. Constituye el material mismo de nuestro cuerpo. Cada célula la expresa, así como las glándulas, órganos, sistemas y cerebro. La fuerza infalible ayuda a cicatrizar heridas, digerir alimentos, proteger el cuerpo de lo exterior y de lo interior, y regular la química interna. Su funcionamiento, mayoritariamente profundo e inconsciente, siempre parece estar ayudando a que el cuerpo se recree saludablemente.

En el plano psicológico se expresa el mismo fenómeno en forma algo diferente. Surgiendo desde las profundidades que están muy por debajo de la mente consciente, es un sabio consejero con una total comprensión de nosotros mismos y una profunda visión del medio ambiente. Lo que llamamos "intuición" tiene como fuente a esta sabiduría. Participa en la curación del desorden psicológico, tal como la depresión. Así como sabe cómo digerir una comida, sabe cómo cicatrizar las heridas causadas por la pérdida de un ser amado.

Aunque la sabiduría interior opera sin interrupción, en general tendemos a ser inconscientes de su labor. En el nivel físico, el cuerpo hace mejor la mayor parte de su trabajo cuando el intelecto no interfiere. En consecuencia, en este nivel no estamos conscientes de la sabiduría. Psicológicamente, lo que impide que tomemos conciencia de la sabiduría es, primero, que nos atrapan nuestras preocupaciones cotidianas, y las repasamos mentalmente una y otra vez, perdiendo así el silencio del ambiente interior que es necesario para escuchar los mensajes sutiles y refinados.

Segundo, no hemos sido educados en una sociedad que haya reconocido la existencia y la importancia de la sabiduría interior. Por consiguiente, no hemos aprendido qué es lo que hay que buscar ni cómo escuchar.

Ciertos individuos y otras culturas enteras han reconocido y le han dado un nombre a lo que estamos describiendo. Uno de esos nombres ha sido el "Fantasma dentro de la Máquina". Esto se refiere a la naturaleza misteriosa e invisible de esta fuerza que nos dirige desde adentro, esta chispa de vida de nuestro cuerpo mecánico.
Otro nombre descriptivo ha sido la "Fuerza Vital". En nuestros procesos vitales, detrás del escenario se encuentra este impulso básico, que organiza y equilibra los procesos interiores. En algún momento se creyó que la Fuerza Vital tenía su propia inteligencia, una mente que de algún modo estaba separada de la mente del individuo.

Los científicos occidentales nunca permitirían que entrara a su pensamiento un concepto tal de una fuerza invisible que desafiaba todas sus estructuras. Ellos eran capaces de entender el fenómeno observable de cómo nuestros sistemas internos siempre tendían a un estado de equilibrio químico. Por ejemplo, el cuerpo se las compone para regular su propia temperatura dentro de límites estrechos. El equilibrio ácidobase, la digestión y el consumo de oxígeno están todos regulados en una forma refinadamente ajustada, sin que la conciencia tenga ninguna comprensión ni conocimiento de ello. En consecuencia, los científicos acuñaron la palabra "homeostasis", que significa permanecer igual. Esto fue una alternativa científica aceptable, en lugar de las descripciones más místicas acerca del mismo fenómeno básico. Los científicos lo vieron como la capacidad del organismo para funcionar automáticamente. Esto es cierto, aunque deja de lado algunas de las formas más profundas en que esta sabiduría puede manifestarse.

Albert SzentGyórgyi, ganador del premio Nóbel, vio la sabiduría .como "El impulso de la materia viva para perfeccionarse". Observó cómo todas las unidades de la vida, desde la simple célula hasta una persona entera, tenían un impulso natural hacia un funcionamiento interno más perfecto y también hacia una relación más armoniosa con el resto del mundo. Una unidad de vida puede ser una especie, y Darwin descubrió que, durante el curso de muchas generaciones, una especie se armonizaría más y más con su medio ambiente, perfeccionándose en el proceso. La fuerza que impulsa a la célula, al animal individual y a la especie, es la misma. Por lo tanto, la evolución tiene lugar en el individuo así como en la especie, y la sabiduría interior, o impulso hacia la perfección, es el medio de esta evolución o movimiento hacia la salud.

Un nombre más reciente para la sabiduría interior es el "Curandero de dos billones de años". El conocimiento de cómo prevenir y tratar la enfermedad es el producto refinado de los tanteos de dos billones de años, que se originaron con el comienzo de la vida. Estos refinamientos son la fuente de nuestro sofisticado equipo, como son los varios sistemas que combaten la infección. Ciertas células de la sangre tragan las bacterias. Las glándulas secretan en armonía, para crear el medio químico perfecto para una curación rápida. El sistema inmunológico produce proteínas que atrapan a los virus invasores. El resultado es que en cada uno de nosotros hay realmente un sabio y viejo curandero, que trata todo tipo de desorden, y sabe en cada circunstancia qué es lo más saludable para nosotros. Resfríos, dolores de estómago, heridas, torceduras, todos se curan por sí mismo. La enfermedad psicológica llamada depresión generalmente se cura por sí misma en seis a ocho meses, sin importar el tratamiento psiquiátrico o médico involucrado.

Podemos ver que todos estos nombres diferentes la "Sabiduría Interior", el "Fantasma dentro de la Máquina", la "Fuerza Vital", "Homeostasis", el "Impulso de la Materia Viva para Perfeccionarse" y el "Curandero de Dos Billones de Años" apuntan hacia un solo proceso, la existencia de nuestra sabiduría interior orientada hacia la salud.

Aunque la sabiduría interior opera dentro de nosotros todo el tiempo, seamos o no conscientes de ello, parte de la evolución hacia la salud y la perfección es volverse más y más consciente de sus mensajes, y utilizarlos más eficazmente. Si usted considera que esta sabiduría interior es parte del subconsciente, y recuerda que la auto hipnosis es un instrumento muy efectivo para explorar las capas más profundas de la mente, entonces verá que la autohipnosis puede ser un excelente camino hacia la sabiduría interior. Podemos emplear la autohipnosis para estar en contacto con nuestras necesidades e impulsos más básicos, nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos. La sabiduría interior nos hablará y nos guiará, especialmente si escuchamos atentamente. No hay mejor manera de escuchar atentamente que ponerse en un estado de autohipnosis, sensible y receptivo. Entonces uno puede ser receptivo a todos esos mensajes sutiles: las menores y fugaces emociones, la resistencia inconsciente, la retroalimentación inicialmente gentil del cuerpo, la calidad de la digestión, y las luchas espirituales. más profundas que, a uno u otro nivel, están desarrollándose todo el tiempo, pero que rara vez son experimentadas u observadas directamente. La autohipnosis nos permitirá aprovechar la sabiduría interior y utilizarla más y más.

Una de las formas en las que se manifiesta la sabiduría es en lo que hemos llamado el "Deseo de Vivir".

Cuando observamos este principio más de cerca, vemos que funciona todo el tiempo, en la vida cotidiana común como en las enfermedades que amenazan la vida. por lo tanto, sería más apropiado lIamarlo el "Deseo de estar Sano", puesto que la salud es la vida en su expresión más completa. El estado de nuestra salud depende en muy gran medida de esta faceta de nuestra sabiduría interior. El deseo de estar bien está presente en todos nosotros, pero la mente consciente puede eclipsarlo, negarlo o ignorarlo. El deseo de obtener una gratificación inmediata a veces contradice lo que es mejor para la salud, particularmente cuando se lo satisface regular e indiscriminadamente. La fuerza del hábito y el condicionamiento también pueden oponerse al deseo de estar bien. como cuando caemos en la rutina de comer. fumar o beber demasiado. o cuando descuidamos el ejercicio apropiado y la relajación. Los sentimientos como el temor, el resentimiento Y la desesperación pueden nublar la relación que tenemos con nuestra sabiduría interior. e impedir que experimentemos su mensaje. También la tensión Y la fatiga pueden crear una barrera que impida que funcionen algunos de nuestros mecanismos de " mantenimiento y vigilancia.

Que estemos sanos o enfermos depende de este equilibrio vital. La recuperación de una enfermedad tiene básicamente más relación con una actitud saludable que con la intervención de fuerzas exteriores como médicos drogas o curanderos. De hecho, el material entero de la salud está entrelazado directamente con la diaria operación del deseo de estar bien. En consecuencia, es de la mayor importancia reconocerlo y actuar de acuerdo con sus mensajes.

Desarrollar este deseo de estar bien significa no sólo elegir actitudes más saludables, sino también elegir actitudes más positivas. En cualquier momento podemos elegir extraer la energía puesta en los pensamientos negativos y concentramos en los aspectos positivos de la vida. Esto realmente promueve la curación y estimula la prevención de la enfermedad. Cuando estamos psicológicamente relajados los músculos también están relajados. La sangre puede fluir más libremente a las zonas que requieren regeneración y reparación. Comienza a producirse la revitalización. De modo que cuanto más permitamos y fomentemos las actitudes positivas, tanto más estamos desarrollando en nosotros mismos el deseo de estar bien. A medida que alentamos y ponemos en juego nuestras propias capacidades internas de curación, se vuelve cada vez más fácil para estos mecanismos trabajar en nuestro favor.

Por supuesto, es necesario que la mente consciente preste su apoyo a los mecanismos curativos inconscientes, de modo que puedan actuar de acuerdo con los mensajes rápida y eficiente mente. Volviendo a uno de nuestros ejemplos favoritos, si usted se corta, la sabiduría interna sabe bien cómo curar la herida, pero es difícil curarla si la herida está sucia. Por lo tanto, el yo consciente tiene que ver que la herida esté limpia, preparando la escena para una curación óptima. La sabiduría interior también podría enviar mensajes relativos a la conducta futura. En este caso el mensaje podría ser estar más alerta y ser más cuidadoso al usar los cuchillos. El dedo cortado, como salvarse por un pelo en la carretera, puede ser una sutil pero importante indicación de que hay que disminuir el ritmo. Si la mente consciente ignora esos mensajes, como sucede frecuentemente, entonces la sabiduría interior debe enviar comunicaciones de una naturaleza más enérgica y seria, mensajes que son mucho más difíciles de ignorar. Muchas personas tienen toda una serie de accidentes menores o de milagrosas escapadas antes de tener un accidente realmente grave. Actuar al recibir el mensaje es tan importante como escuchar su contenido.

Es más fácil arrancar hierbas tiernas, pequeñas, que luchar con las grandes y firmemente arraigadas. Esto es cierto ya sea que las hierbas sean un accidente o una enfermedad. Así como es un mensaje claro el casi cortarse un dedo, también lo es el casi enfermarse. Una garganta ligeramente áspera, una nariz que fluye, un estómago con un suave malestar, todos pueden estar señalando el comienzo del desequilibrio del sistema, fácil de corregir cuando se atiende en esta etapa inicial. Cuando usted aprende a escuchar, la sabiduría interior puede decirle cuál es la naturaleza del desequilibrio: quizá usted ha estado trabajando y/o jugando demasiado fuerte, o quizá usted tiene algún problema emocional sin resolver. Los resfríos empiezan con frecuencia directamente después de encuentros emocionales en los que las emociones han sido reprimidas. Cualquiera sea su naturaleza, el desequilibrio es pasible de una fácil corrección cuando la naturaleza interior le dice cuál es su naturaleza, y el deseo de estar bien estimula su estado de alerta para tomar la acción consciente apropiada.

A medida que comenzamos a refinar nuestras percepciones interiores, podemos volvemos sensibles a mensajes aun más sutiles. No tenemos que esperar a que empiecen los resfríos, los accidentes menores o las escapadas milagrosas para detectar los primeros y delicados signos de desequilibrio del sistema. A veces, sólo atender serenamente al estado de su energía le dará una vaga sensación de que algo no está completamente bien. Quizá podemos notar una ligera irritabilidad, cierta falta de energía o un ligero toque de agitación o de inquietud. En el caso de una persona sensible, orientada hacia la salud, que emplea la autohipnosis como un instrumento, la mayor parte del trabajo correctivo, la mayor parte de la deshierba, tiene lugar a este nivel sutil antes de que se presente realmente ningún síntoma.
Vamos a explorar cómo nos puede ayudar la autohipnosis a entrar en contacto con la sabiduría interior, para que nos guíe y nos dirija. Para hacerlo, se necesita una cierta fe en esta inteligencia profunda, o alguna experiencia directa de ella. Sin embargo, varias partes de nuestro condicionamiento lo dificultan. La primera está centrada en la forma en que nos han enseñado a concebimos a nosotros mismos como un "yo", o ego. La ciencia moderna ha redescubierto recientemente lo que sabían los antiguos: que nuestra mente consciente no es sino una parte minúscula de nuestra conciencia total y que hay una insondable profundidad y riqueza debajo de las capas conscientes.

Nuestro condicionamiento es creer que no somos nada sino esta pequeña capa consciente, una entidad separada, separada del resto del universo por una barrera. Esta entidad, o ego, tiene miedo de llegar al fin, y por lo tanto tiene miedo de tantas cosas de la vida diaria que constantemente se tensiona, se enferma y se aisla de la propia sabiduría en la que podría encontrar su salvación. A veces es difícil para la mente consciente liberarse lo suficientemente de sus creencias y luchas como para conceder a las otras capas la oportunidad de que se expresen.

Una segunda parte del condicionamiento dificulta que tengamos fe en nosotros mismos. Como sociedad, tenemos una dependencia casi total de las manipulaciones externas de la tecnología. No sólo tenemos el mayor respeto por las máquinas, sino que también confiamos en las medicinas, píldoras y procedimientos quirúrgicos hasta un grado exagerado como medios para obtener la salud. Dependemos muchísimo de médicos y psiquiatras. En lugar de asumir la responsabilidad por nuestra propia condición, que es la característica de un adulto, hemos seguido siendo niños al confiar los aspectos más íntimos de nuestro ser a algo externo. En lugar de actuar por autoconocimiento, nos hemos convertido en una nación de pacientes, totalmente dependientes de los profesionales de la salud para que nos digan qué hacer. Este no es terreno fértil para que florezca la sabiduría interior. Necesitamos, además de la herramienta de la auto hipnosis, una respuesta total a la sabiduría. La parte pasiva de nuestra respuesta consiste en confiar en su funcionamiento, y en escuchar serenamente su mensaje sin interferencia de la mente fija, terca y racional. La parte activa consiste en prestar atención a su mensaje y actuar de acuerdo con
él cuando sea necesario, estando dispuestos a abandonar viejas maneras de ser.

Con esta distinción entre el contacto pasivo y activo, ahora estamos preparados para usar la autohipnosis para entrar en contacto con la sabiduría interior. La etapa inicial tratará del aspecto pasivo, oyente:


EL PROCESO DE LA SABIDURIA INTERIOR ESCUCHAR PASIVAMENTE.

Una vez que esté en el estado autohipnótico, permanezca tranquilamente durante unos minutos en su meseta de transición. Luego, dése la siguiente sugestión: "Entiendo la naturalezade la sabiduría interior, siempre trabajando por mi mejor salud, y siempre dispuesta a comunicarle a mi mente consciente lo que es mejor para el organismo. Entiendo que necesito confiar en su trabajo, y ser receptivo, escuchar su mensaje. Cuando salga de la hipnosis habrá una nueva parte de mí, operando precisamente por debajo del nivel consciente, sumamente armonizada con los mensajes de la sabiduría interior. Durante el día, en ciertos periodos mi mente consciente se quedará espontáneamente silenciosa, y la mente consciente recibirá los mensajes apropiados. Confiaré en estos mensajes, porque provienen de un lugar que hay en mí que está preocupado por mi bienestar más profundo".

A medida que se armonice más y más, verá la importancia de responder a los sentimientos positivos así como a los negativos. Dedicamos mucha energía a evitar aquellas cosas que nos causan dolor. Ahora podemos comenzar a descubrir lo que es la retroalimentación positiva, esa sensación particular de vitalidad y de bienestar en la que nuestro organismo se envía este mensaje á. sí mismo: "Lo que sea que estés haciendo, ¡sigue haciéndolo!". Con espíritu de investigación, puede comenzar a intentar nuevas actividades, o suprimir las antiguas y perjudiciales. Algunas veces la retroalimentación positiva puede ser abrumadora. El movimiento hacia la salud implica hacer experimentos con su estilo de vida, escuchar la retroalimentación e intentar hacer más y más aquellas cosas que provocan esta sensación de bienestar. De hecho, esta sensación es realmente el comienzo de la buena salud.

Otro resultado de armonizamos dentro de nosotros mismos es damos cuenta de que somos únicos. Generalmente, la ayuda externa se basa en recomendaciones generalizadas, que no están moldeadas ni modificadas según nuestras necesidades peculiares. Como un traje muy barato, más o menos queda bien, pero carece totalmente de esa calidad que posee algo cuidadosamente ajustado a nuestras medidas exactas. Cada individuo tiene gustos, disgustos, necesidades nutricionales, estructura personal, patrones de condicionamiento y de tensión que le son específicos. Lo que es un ejercicio o una dieta adecuada para uno puede ser totalmente equivocado para otro. Sólo la sabiduría interior tiene la inteligencia, la sensibilidad y la flexibilidad para determinar en cualquier momento dado qué es apropiado para un individuo.

Parte de lo que es apropiado implica tomar en cuenta nuestra inercia, nuestra tendencia a conservar viejos modos y hábitos, aun cuando ya no sean adecuados. En cada uno de nosotros se abriga un elemento reaccionario. El ego se alimenta de la continuidad y la siente necesaria para la autopreservación. Por consiguiente, sea gentil consigo mismo cuando experimente la inevitable resistencia al cambio. Conceda que estos procesos tomen algún tiempo. Uno que está orientado hacia el exterior no aprende en una semana ni en un mes el arte completo de escuchar interiormente. La paciencia y un comportamiento tolerante con su estilo de vida pueden a menudo provocar mayores cambios, a largo plazo, que el enfoque a toda máquina, aunque para algunas personas este último puede ser precisamente lo correcto. Conceda tiempo para que los diferentes aspectos de sí mismo se adapten a los cambios que estará experimentando.

Cualquiera sea el tiempo que tome, el proceso de cambiar de una orientación hacia lo externo a una orientación más dirigida hacia lo interno, puede comenzar en diversas formas. La iniciación quizá sea tan simple como tomar una clase de relajación, comenzar a practicar yoga, comenzar a hacer su proceso hipnótico diariamente o investigar la(s) causa(s) de todos los dolorcitos de cabeza y de estómago que se le presenten. Una vez que hayan comenzado tales actividades, ellas tienen su propio ímpetu, y nuevas intuiciones lo empujarán hacia adelante.

Ahora estamos preparados para la segunda mitad de nuestro proceso, que enfatiza el papel activo que vamos a desempeñar:

EL PROCESO DE LA SABIDURIA INTERIOR ELEGIR ACTIVAMENTE.

En el estado hipnótico, dése la siguiente sugestión: "Ya estoy experimentando mensajes de la sabiduría interior, y escuchándolos más y más claramente. Ahora voy a tener la energía, la fuerza y la inteligencia de actuar de acuerdo con ellos. Me encontraré gradualmente menos y menos interesado en aquellas actividades que la sabiduría me ha demostrado que son perjudiciales para mi salud (se pueden nombrar estas actividades). Cuando hago algo que da una retroalimentación positiva, que me
hace sentir más saludable o íntegro, me encontraré gravitando naturalmente hacia tales actividades, y las convertiré en una parte más grande de mi vida. En todo momento estaré abierto a las nuevas actividades que puedan entrar a mi vida, que ayuden a mi crecimiento. Me sentiré feliz al actuar más y más de acuerdo con los mensajes de mi sabiduría interior, y a medida que me vea volviéndome más sano, el proceso entero se verá reforzado. Veré a la enfermedad, al dolor, a la falta de energía, a la negatividad y a la depresión no como estados malos que hay que combatir y vencer, sino más bien como a maestros valiosos, información esencial para mi proceso de aprendizaje, tan importantes para mí, en su propia forma, como sentirme bien. Aceptaré gustoso todos estos mensajes de la vida".

Ser consciente de la falta de apoyo de nuestra sociedad a la búsqueda de la salud tiene su compensación. Por ejemplo, los comerciales de televisión repiten interminablemente el mensaje de que es mejor tratar la molestia del dolor de cabeza, del dolor de estómago, de la resaca, de la artritis, de las hemorroides y un montón de otros padecimientos, tomando una píldora que calmará el síntoma temporalmente. Rara vez alguien sugiere en la televisión que usted descubra cómo disminuir permanentemente esos síntomas, Nuestra sociedad ha . aprobado enérgicamente que también se tomen píldoras para la ansiedad, la depresión y el temor. La mayoría de las personas que experimentan estas formas de una importante retroalimentación negativa, o las soportan estoicamente o las disimulan químicamente. Son un llamado urgente para que comencemos una reevaluación de toda nuestra vida.