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Partos humanizados

 

Este tipo de parto tiene, ante todo, como idea principal, que los partos son momentos placenteros y que deben ser vividos por la mujer como tales. Ya sean partos por vía natural o por cesárea, se trata de disminuir el dolor y de generar un ambiente cálido en torno a un evento privado tan crucial para la mujer y para la familia.

Se trata, por lo tanto, de un buen comienzo para la vida de un ser humano.

Existen muchas variantes: partos “domiciliarios”, partos “indoloros”, partos de pie, en cuclillas, partos con acupuntura; pero siempre se respeta el interés por la persona y la calidad emocional y social que está por detrás del evento del nacimiento. Es decir, las consultas previas por parte del equipo de salud hacia la familia son de importancia fundamental en el devenir del parto.

 

 

 

Historia de los partos humanizados

 

El parto no siempre estuvo, como lo asociamos ahora, en manos de los médicos. Ellos han tenido dos actitudes: hacerlo pasar por la “clínica” (palabra que viene del griego Klinos, que significa cama, y razón por la cual acuestan a las mujeres para parir, lo que complica todo por causas obvias como la gravedad). Por otro lado han tenido la delicadeza de reconocer cuando los partos estaban en manos de las comadronas o parteras, y la elección de espacios no demasiado iluminados, con el cuidado de la persona y la presencia del padre (por lo general, en la cabecera de la cama, apoyando a la madre y para “no impresionarse”). Sin embargo, aún faltan muchos escalones para volver a las raíces y todos los beneficios que de allí se pueden sacar.

Los tobas del Impenetrable en el Chaco argentino concurrían al hospital de forma creciente, aunque los médicos advirtieron que no había manera de que las embarazadas fueran a parir allí. Incluso algunas se controlaban el embarazo pero en el momento del parto, se recluían en su domicilio. Una simple indagación “antropológica” permitió descubrir que las mujeres consideraban indispensable para sus partos el hecho de que la placenta pudiera ser enterrada. De allí en adelante se instituyó en el hospital la entrega de la placenta para que las mujeres la llevaran a su domicilio y la pudieran enterrar después del parto. Así y todo, los temidos partos domiciliarios no han sido erradicados. ¿Por qué será? ¿Qué ventajas indudables otorga el parto en la propia casa?

Los programas materno infantiles fueron el puntapié para el inicio de muchos programas de salud orientados a disminuir las dramáticas tasas de mortalidad infantil de países en desarrollo. La movida de los derechos sexuales y reproductivos puso sobre el tapete algunas cuestiones que estaban ya instaladas en pueblos aislados hace miles de años. Michel Odent es uno de los tantos autores que han logrado inmiscuirse en los intersticios de las prácticas ancestrales y recuperarlas para realizar lo que se ha denominado últimamente “parto humanizado”. La escuela francesa siempre ha sido la que más se ha interesado en estos temas, por ejemplo con libros de hace un par de siglos como es “Histoire des accouchements dans tous les peuples du monde”.

 

 

Humanizar el parto

 

En pleno momento de hiperespecializaciones médicas y de avances tecnológicos galopantes, representa un desafío volver a las fuentes con algunas prácticas que no son sólo un objeto de perfeccionamiento médico o de reducción de mortalidad (ésta inspira los avances a la vez que los planes materno infantiles…)

La humanización del parto, como vemos, lamentablemente no está dada por sí misma, sino que es un proceso que es necesario hacer. Y se trata de un compromiso de la esfera científica a la vez que una decisión de la futura familia, que se hará cargo de ser protagonista de su verdadero nacimiento, justamente como familia.

La medicina oficial nos inculca valores de respeto de los resultados, los números y demás cuestiones de estándares: lo que es más homogéneo, mejor. Pero está ya comprobado hace tiempo que la naturaleza también tiene diferentes tiempos en cada mujer y cada embarazo. Hay embarazos que duran 33 semanas y el bebé ya está maduro, y otros que duran hasta 39…

Muchas mujeres que han realizado un parto con este tipo de reflexiones en conjunto con el equipo de salud en las entrevistas han testimoniado que el momento del parto, en lugar de ser un evento doloroso, ha sido placentero hasta el punto del clímax!

Hoy en día es imposible negar los avances y ventajas de la medicina con respecto a la prevención y toda la información que disponemos sobre el cuidado del embarazo. La idea de humanizar el parto es combinar toda la información posible sobre prevención (que es información general, homogénea, sobre todas las mujeres, como por ejemplo los nutrientes necesarios, el cuidado del peso, que sí se puede respetar el estándar). Y los seguimientos ecográficos dan lugar a pronósticos muy precisos y útiles. El punto es ver cuánto nos quedamos con eso en los controles pre parto y cuánto lo combinamos con otras tecnologías más antiguas.

Por ejemplo, antes no existía la ecografía pero la comadrona podía diagnosticar la posición del feto para el parto, si estaba de cabeza o de patas para abajo. Y en conjunto con esta diferenciación, una serie de masajes permitía a la partera el acomodamiento de la posición antes de parir.

Combinar estos adelantos con el saber ancestral, el respeto a la cultura del paciente, y un cuidado con base en el amor, hará que el parto sea un momento mágico y, sobre todo, con una menor cantidad de complicaciones. Porque no tenemos que olvidar que el estrés exagerado produce efectos no deseados, como por ejemplo una inhibición de la secreción de la oxitocina por parte del aumento de la adrenalina del estrés, con lo cual se genera la posibilidad de un sufrimiento fetal por un parto más largo. Así que esto, sólo como uno de los ejemplos, bastaría para realizar este tipo de abordajes con más frecuencia, en todos los centros sanitarios.

Eso por no mencionar las consecuencias psicofísicas de un parto traumático. Las descompensaciones de cuadros psicológicos y psiquiátricos en la madre (depresión puerperal, psicosis puerperal) son más frecuentes con los partos traumáticos o embarazos no deseados. Pero el no deseo tampoco marca el punto final del trabajo de humanización del parto, sino quizás el comienzo de una aventura, del encuentro del equipo de salud con la problemática de la mujer.