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Homeopatia: su historia

 

La homeopatía es la forma de la medicina que se diferencia de la alopatía, que cura mediante sustancias con acción contraria al síntoma. En reacción a ella, la homeopatía es el nombre dado al sistema médico descubierto a finales del siglo XVIII por Samuel Christian Hahnemann. Hahnemann nació en Meissen, Sajonia, en 1745, y estudió medicina en Leipzig y Viena, estableciéndose en esta última ciudad en 1789. Al año siguiente empezó a traducir Materia médica de W. Cullen, y quedó impresionado por el hecho, hasta entonces poco valorado de que los síntomas producidos por la quinina en un cuerpo sano eran similares a los síntomas que precisamente debería aliviar. A partir de esta observación, formuló el principio de «similia, similibus curantur», que publicó en 1976.

 

Investigaciones posteriores llevaron a Hahnemann a formular la teoría de la potencialización de las sustancias, convirtiéndose así en el gran fundador de la homeopatía. Practicó sus métodos en Leipzig hasta 1821, fecha en la que el antagonismo de rntereses rivales le obligó a abandonar la ciudad, y hasta 1835 fue médico personal del gran duque de Anhait-Kothen. En 1843, año de su fallecimiento, ya había publicado cuatro obras mayores sobre medicina, y establecido ciertas normas para la preparación y prescripción de los remedios que los homeópatas siguen empleando hoy en día. Gran parte del aspecto filo­sófico de los escritos de Hahnemann proviene de pensadores médicos anteriores, como por ejemplo Hipócrates (460-377 a. C.) y Paracelso (1490-1541), Y su importancia como revolucionario estriba principalmente en sus investigaciones prácticas.

Es interesante notar que en 1978, Edward Jenner publicó sus descubrimientos acerca de la relación entre la viruela humana y la viruela de las vacas, y que a partir de esta constatación naciÓ I)a ciencia de la vacuna. Es evidente que el principio de la vacunación difiere del principio de la homeopatía en cuanto a la acción de la dosis, que en la vacunación es materialmente mayor y sirve para producir anticuerpos benignos. Aparte de esta diferencia, los principios son similares.

 

Desde Hahnemann, la homeopatía se ha ido perfeccionando en todo el mundo, habiéndose publicado resultados de muchas investigaciones. Se han recopilado importantes obras sobre materia médica, farmacopea, y se han publicado inventarios y análisis de síntomas relacionados con los remedios.

La homeopatía nunca ha sido reconocida oficialmente en ningún país pccidental, pese al hecho, poco conocido, de que la familia real británica haya sido atendida por homeópatas. El método siempre ha sido considerado como extraoficial y su práctica como una actividad privada. A pesar de ello, en la mayo­ría de los países occidentales existen asociaciones de homeópatas muy antiguas y distinguidas.


Teoría: Enfermedades y remedios


Una de las doctrinas de Hahnemann era que la enfermedad en sí no es un ente, y por lo tanto no es posible aplicar ventosas para purgarla del cuerpo del paciente, ni extirparla materialmente. En su Organon de Rationallen Heilkunst (1810), Hahnemann define a la enfermedad como una aberración del estado de salud. Al contrario de Sydenham, quien recopiló en el siglo XVIII un compendio de síntomas y enfermedades, Hahnemann mantenía que la gama de estados patológicos es infinita: en consecuencia. los remedios más estrechamente relacionados con dichas «aberraciones» son numéricamente infinitos. Desde los comienzos de la homeopatía, sus médicos han estado realizando comprobaciones) de remedios, es decir, aplicando una dosis de cierta sustancia a hombres y mujeres sanos, y documentando los efectos observados. Por tanto, constantemente se añaden nuevos remedios a la farmacopea homeopática.

Potencia de los remedios

El descubrimiento más asombroso de Hahnemann era que el efecto de un remedio es inversamente proporcional a su sus­tancia. Para elaborar un remedio según las normas establecidas por Hahnemann, se toma un grano de cierta sustancia, añadiendo diez partes de una sustancia neutra tal como alcohol puro, agua o azúcar, y se agita el todo de una manera determinada. La mezcla resultante se llama potencia 1. Al añadir y mezclar una parte de la mezcla resultante a otras 10 partes de una sustancia neutra, el resultado se llama potencia 2. Cada vez que se repite el proceso, la potencia aumenta una unidad, lle­gando hasta 100.000. Por lo tanto, los homeópatas se basan en el principio de que a menor cantidad material de remedio presente en la dosis, más potente es su efecto.

Podemos observar, sin embargo, que si se realiza la operaciÓn seis veces (potencia 6), sólo queda del remedio una parte en un millón. En el caso de un remedio extensamente cmplcado, la Natrum muriaticum, o sal común, una sola molécula pesa 10-24 miligramos. Es lógico pensar entonces que a una potencia de 30, no quedaría ni siquiera una sola molécula de la sal original en la dosis. El descubrimiento de Hahnemann significaba, por lo tanto, que el poder de una sus­tancia no reside en el material, sino en su configuración, y que mientras menor sea el material, mayor es el poder de la configuración. Y aquí está precisamente el mayor obstáculo con que tropiezan los hombres y mujeres que han sido educados de forma convencional. Nuestra sociedad actual enseña a sus miembros a pensar que la fuerza o el poder de algo se miden por su cantidad o por su volumen.

 

Acción de los remedios


Si bien en homeopatía es fundamental en el momento de diagnosticar tener en cuenta al cuerpo entero como un solo organismo, también se insiste en que al remedio sólo responderán las células patológicas o enfermas, ya que su resistencia es menor, y porque la configuración vital de las células corresponderá a la configuración esencial del propio remedio. Por esta razón, y a causa de la ausencia de una sustancia material en un remedio homeopático, existe muy poco peligro de efectos secundarios o de efectos nocivos en el caso de haber admi­nistrado erróneamente un remedio.

Ya que las comprobaciones de remedios se llevan a cabo exhaustivamente, el terapeuta experimentado es capaz de iden­tificar los síntomas más pequeños y de administrar su correspondiente remedio específico. Por ejemplo, Apis mellifera, remedio extraído de la abeja melífera, está asociado con un comportamiento inquieto, nervioso, propio de la actividad incesante de la abeja.

 

El médico homeópata


Según las leyes establecidas por Hahnemann en su Organon de 1810, el primero y único deber del homeópata es llevar a cabo la curación por los medios más rápidos, más seguros y más permanentes que conozca. Los conocimientos del médico deben cubrir cuatro áreas:

1) La enfermedad, es decir la etiología, la bacteriología, la patología, la prognosis y el diagnóstico, utili­zando todos los medios a su disposición;

2) El poder medicinal, ya que debe estar familiarizado lo más completamente posible con la toxicología y la patogenicidad de las drogas;

3) La farmacoterapia, pues el médico debe ser capaz de relacionar lo que sabe del paciente con sus conocimientos de la medicación, y ahí reside precisamente la mayor exigencia de habilidad y experien­ciadel médico, ya que, como hemos señalado, tanto los síntomas como los remedios son infinitos;

4) El médico debe ser capaz de prever las barreras que existen entre el paciente y la buena salud, así como conocer la mejor manera de reducidas.

Esta última área difiere de las otras tres en que puede no estar relacionada con ellas, y el médico sólo cuenta con su pers­picacia para llevar a cabo la curación. Hahnemann insistía en que la administración de paliativos no forma parte de las responsabilidadesrfel médico homeopá­tico. Sin embargo, aceptaba que la actitud del paciente hacia su enfermedad

Ésta puede presentarse en el paciente bajo dos formas: aguda o crónica. También podría tratarse de la reaparición de un síntoma anterior. En las condiciones crónicas Las fuerzas vitales y los poderes reactivos del cuerpo se han desequilibrado profundamente.

En cada paciente mediante una observación meticulosa es posible identificar un área particular de desorden. Una condición crónica pue­de considerarse como una serie, o grupo, de condiciones agudas. El homeópata, al tratar una condición aguda, observa su avance o repetición, al mismo tiempo que espera la posible aparición de una condición crónica.

Una vez identificado el miasma o estado crónico del paciente, el médico homeopático en caso pertinente puede proseguir, y asociar el estado del paciente con uno u otro de los remedios apropiado para su caso particular. Este remedio se conoce como remedio constitucional del paciente.
Para prescribir un remedio, el homeópata sigue un procedimiento determinado. Habiendo establecido el cuadro sintomático, recurre a su materia médica y a su repertorio. Se emplea el término «repertorizar» para describir el proceso de sección de un remedio según los síntomas. Aquí es donde los homeópatas difieren de sus colegas ortodoxos.

El médico homeopático tiene a su disposición remedios que cubren una gama de potencias del 3 a 100.000, y «comprobaciones» que demuestran la vida efectiva de cada remedio dentro del cuerpo. La acción de un remedio dura normalmente un maxlmo de sesenta días, pero al mezclarse con remedios administrados posteriormente, el efecto puede durar incluso años. La tarea del homeópata consiste en seleccionar la potencia mínima en la menor dosis posible para lograr la curación.

Al familiarizarse con el tipo y la constitución del paciente, y al anotar la más pequeña variación de la norma, refiriéndose tanto a la patología como al propio testimonio del paciente, el homeópata puede detectar la presencia de una condición aguda antes de que ésta haya progresado lo suficiente como para tener efectos duraderos.