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Flores de Bach

 

El doctor Edward Bach estudió y se graduó en el University College de Londres, y obtuvo el diploma de salud pública (DHP) de Cambridge en 1913. Falleció en 1936.

 

Mientras realizaba sus estudios de medicina, Bach se dio cuenta de que le interesaban más los pacientes en sí mismos, su personalidad y sus estados emocionales que los tratamientos de los síntomas físicos. Descubrió que el cuerpo es el espejo del estado mental, ya que si el paciente está desesperado, temeroso, preocupado o deprimido progresa lentamente, mientras que si se encuentra esperanzado, contento y determinado a recuperarse, lo hace con mayor rapidez. Por consiguiente, el paciente necesita ayuda para vencer su mentalidad negativa, causa fundamental de su enfermedad. Así, Bach se encontró con la necesidad de elaborar un nuevo tratamiento práctico, ya que resultaba de poca utilidad decir a un paciente preocupado: «No se preocupe, hombre, sea feliz».

Al graduarse, el doctor Bach decidió inve"stigar otros métodos de medicina convencional y, después de practicar la medicina or­todoxa durante varios años, se dedicó a la bacteriología, ganando una considerable reputación gracias a las investigaciones que realizó. Sin embargo, esta labor no le satisfizo, ya que seguía tratando cuerpos y no personas. Luego entró en contacto con la homeopatía y al descubrir que Hahnemann, fundador de la homeopatía, había dicho que «el paciente es el factor más importante de su propia curación», Bach se convirtió en homeópata.

Estuvo trabajando durante varios años en los laboratorios del Royal London Homeopathic Hospital, donde logró preparar siete remedios para enfermedades crónicas, todos ellos de administración oral. Después realizaría un descubrimiento muy importante: era evidente que todos los pacientes con los mismos problemas emocionales necesitaban el mismo remedio, independientemente de las afecciones físicas que padeciesen. Desde entonces, Bach preparó sus recetas basándose totalmente en la naturaleza del tempera­mento del paciente, y los resultados fueron excelentes.

Para entonces, Bach ya estaba convencido de que la enfer­medad física no tenía un origen físico, sino que constituía «la con­solidación de una actitud mental». El estudio de la homeopatía le llevaría toda la vida. Buscaba un tratamiento simple e inofensivo que devolviera la tranquilidad y la esperanza a los enfermos. rn creía que encontraría los remedios entre los árboles y las plantas, ya que el Creador ha dotado a la Naturaleza de medios para cubrir todas nuestras necesidades. Bach ya sabía que el principio fundamental de su nuevo método sería: «tratar al paciente y no a su enfermedad». En 1930 Bach abandona toda su labor pro­fesional en Londres y, sin pensado dos veces, se va a vivir al campo.

 

Hasta entonces en todos sus años de práctica médica, Bach había estado buscando pruebas científicas, sirviéndose siempre de Sil intelecto. Ahora toma un nuevo camino, empieza a dar gran importancia a sus facultades intuitivas, descubre que al colocar la mano sobre una florescencia, experimenta en sí mismo las propiedades de la planta. Cuando buscaba la flor adecuada para aliviar una condición mental negativa, también él sufría agudamente ese penoso estado, pero al hallar la flor correcta volvía a sentirse sereno y tranquilo.

En siete años, Bach identificó treinta y ocho flores silvestres capaces de aliviar los estados mentales negativos del ser humano. Solamente empleó flores que crecían en el suelo con aire y luz del sol, y que tenían semillas, la continuación de la vida de las plantas en la corola. Preparaba las flores en el mismo lugar donde crecían, las colocaba en un cuenco con agua y las exponía a la luz del sol durante tres horas. La naturaleza se encargaba del resto, sin interferencia humana alguna. El calor del sol traspasaba la fuerza vital de las flores al agua, que chispeaba y se llenaba de pequeñas burbujas; era agua viviente.

Luego, sacaba cuidadosamente las flores del cuenco y embotellaba el agua. Para las flores jóvenes, principalmente para las de árboles, utilizaba otro método. Las colocaba en una sartén esterilizada, las llevaba rápidamente a casa, llenaba la sartén de agua y las hervía a fuego lento durante media hora. Una vez sacadas las flores, filtraba el agua, la embotellaba y añadía una pequeña cantidad de brandy. Los remedios de Bach siempre se preparan de esta manera.

Estos remedios no son homeopáticos ni tienen diferentes potencias, ya que el poder liberado por las flores es la fuerza vital, inalterable en sí misma. No se recomiendan para ninguna enfermedad física en particular, sino para aliviar la causa fundamental de la enfermedad: el miedo, la depresión, los celos, las preocupaciones o la falta de confianza del paciente.

El doctor Bach dividió los treinta y ocho remedios en siete grupos para tratar el miedo, la incertidumbre, la insuficiencia de interés por las circunstancias actuales, la soledad, la hipersensibilidad a las influencias e ideas, la desesperación y la excesiva ansiedad por el bienestar de los demás.